Jornada 9. La Ira de Dios (56)


Justo cuando el zombi se iba a abalanzar de nuevo sobre él sonó un disparo y la mitad izquierda del rostro de Miguel desapareció ante sus ojos esparcida en trozos. Xavier se giró para buscar el origen del disparo y vio con sorpresa a un grupo de hombres que se dirigían corriendo hacia donde él estaba. Recordó de repente los zombis que se estaban acercando por la calzada. Apuntó con la escopeta y disparó varias veces desde el suelo. Cuando se dio por satisfecho y calculó que tenía tiempo para ponerse en pie buscó su petate mientras el grupo armado llegaba a su lado.

-¿Se encuentra bien? –Preguntó uno de ellos- Pedro, Jaume encargaros de los zombis de la calzada. Mateo, Santi, vigilad los muros por si hay más zombis.

Xavier recogió el petate mientras veía cómo los recién llegados daban cuenta de los zombis que quedaban en la calzada. Cogió varios cartuchos y llenó un cargador y lo puso en la escopeta.

-Mi nombre es Joan. Nos habían dicho que había alguien más con usted –dijo el recién llegado mirando a su alrededor- ¿Ha huido?

-Le acaba de volar los sesos –dijo Xavier señalando el cuerpo sin vida de Miguel- Y de paso me ha salvado la vida.

-Pero eso es imposible –respondió Joan- Los zombis no se transforman tan rápido.

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