Jornada 9. La Ira de Dios (54)


La mirada perdida de Miguel le acompañaría el resto de su vida, al igual que la de muchos otros ojos de los que había visto ir desapareciendo la luz de la vida. Mientras disparaba a los recién llegados se preguntaba cómo habían llegado hasta ahí, bordeándoles, pero en ese momento no tenía tiempo para averiguarlo. Los zombis de la calzada se comenzaban a acercar peligrosamente y todavía quedaban al otro lado del muro tratando de superarlo. Tenía que ganar tiempo.

Cogió uno de los cartuchos que tenía en sus bolsillos y sacó el cargador de la escopeta. Disparó el cartucho que tenía en la recámara a uno de los zombis del muro y luego cargó el arma con la nueva munición. Disparó sin pensárselo al bulto del grupo que invadía la calzada. Unos segundos después un gran número de los mismos quedaba desmembrado gracias a esa munición especial. Un recuerdo de su época en Italia, los perdigones estaban unidos por hilo metálico que los convertía en una especie de red que cortaba todo lo que se pusiera en su camino. Incluyendo cadáveres andantes. Así se podría centrar mejor en los zombis que había a su altura.

Se acercó con lentitud al cadáver de Miguel, lo primero era asegurarse de que no volvía a levantarse por más que le pesara, le cerró los ojos y, aunque no tenía la autoridad eclesiástica le practicó los últimos sacramentos. Volvió a meter el cargador y se preparó para disparar una vez más a alguien al que no quería ver resucitar. Apuntó a la cabeza del joven estudiante con extrema lentitud, si al menos tuviera una pistola… Sabía que la escopeta a esa distancia seguramente le dejaría irreconocible… tal vez pudiera esperar a que todo aquello acabara para darle un descanso más correcto… al fin y al cabo todo el mundo sabía que el periodo de incubación de los zombis era de, al menos, medio día.

Miguel abrió los ojos de repente ante la sorpresa de Xavier que, incrédulo, trató de ponerse en pie, con la mala fortuna de que resbaló en el charco de sangre y se cayó al suelo mientras no dejaba de ver aterrado cómo el zombi del estudiante trataba de acercarse a él para matarle.