Jornada 9. La Ira de Dios (49)


Retrocedió unos pasos viendo cómo los muertos vivientes comenzaban a invadir la calzada. Alguno con tanta prisa que derribaba a sus compañeros y luego los demás pasaban por encima, sin preocuparse lo más mínimo. Disparó un par más de veces aprovechando el apelotonamiento. Varios zombis cayeron al suelo. Al resto no les pareció importar dado que pasaron por encima sin inmutarse.

Xavier comenzó a retroceder más rápido hasta llegar a la altura de Miguel que le ofreció un cargador. Sabía que todavía le quedaban cartuchos en el otro pero era mejor cambiarlo con tiempo y calma y no quedarse sin munición justo cuando los zombis aceleraran.

Las no-personas, como había escuchado llamar a esos monstruos en diversas ocasiones, comenzaron a ocupar toda la calzada a su ancho y avanzar lentamente tratando de alcanzar a sus presas. Xavier respiró hondo. Era demasiado sencillo, una masacre, disparar, retroceder, volver a disparar… hasta que se quedara sin cartuchos o sin objetivos. Pero trataba de recordar que con los zombis nada era sencillo.

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