Jornada 9. La Ira de Dios (46)


Le pasó la mochila a Miguel y le indicó dónde estaban las cajas de munición. Luego cogió varios cartuchos que estaban marcados de manera diferente y se los metió en el bolsillo. Entró en el bosque mientras le indicaba a Miguel que le esperara en la segunda marca que señalaba los cincuenta metros de la entrada por donde debían aparecer los zombis si todo iba bien.

Avanzó en diagonal tratando de orientarse entre los árboles y de localizar a los zombis. A medida que avanzaba el ruido de pisadas se hacía más claro y el murmullo familiar de los no-muertos se comenzaba a escuchar con más claridad. A unos cuatrocientos metros pudo observar las primeras figuras que se balanceaban de un lado para otro mientras avanzaban y no dejaban de tropezar con los árboles que se interponían en su camino. Era un espectáculo esperpéntico ver cómo trataban de apartar de su camino los troncos sin ningún éxito y, finalmente, optaban por rodearlo. Respiró hondo y se santiguó.

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