Jornada 9. La Ira de Dios (41)


-Por el bosque del oeste, cerca del camino privado. Están descendiendo de las montañas –dijo alguien por la radio.

Xavier miró al prior interrogativo. No tenía ni idea dónde estaba el oeste y los árboles rodeaban toda la zona del santuario. El prior hizo señales a alguien que se acercó corriendo.

-Acompaña a esta persona al bosque del oeste –le dijo de forma calmada- Y luego vuelve corriendo.

La persona asintió y Xavier pudo observar lo joven que era. Debía ser un seminarista. No tenía muy claro que fuera la persona indicada para acompañarle. Pero no tenía tiempo para discutir. Debía ir hacia donde los zombis habían aparecido. Le indicó a su acompañante que abriera el camino, y comenzaron a correr, primero por los pasillos y luego por el patio del santuario ante la mirada de sorpresa de la gente. En unos minutos se encontraba corriendo por una carretera lateral del santuario que transcurría entre los árboles. Era bastante estrecha y en lugar de los típicos quitamiedos metálicos en los laterales tenía muros de piedras de medio metro de alto. En un pequeño cruce había una persona que nada más verles comenzó a señalar hacia el monte.

-¡Vienen los zombis! –Dijo bastante nervioso- ¡Tenemos que huir!

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