Jornada 9. La Ira de Dios (30)


En un encuentro con un grupo de ancianos de una tribu, éstos le comentaron que estaban preocupados. Crear zombis era algo que se pasaba de generación en generación. No era un secreto muy bien guardado precisamente, pero requería de unos componentes, de mucho tiempo y una labor que la mayoría de tribus no podían permitirse o simplemente no querían realizar. No estaba muy bien visto precisamente molestar a los muertos en su sueño eterno y se creía que usar esa técnica podía provocar el enfado de los Dioses. Incluso se ofrecieron a enseñarle la técnica, pero Xavier declinó lo más amablemente posible sin llegar a mostrar el horror que eso le provocaba. Iba contra todas sus creencias. Era cierto que en la Biblia había muchos ejemplos de personas resucitadas, pero estaba seguro de que a lo que se referían los ancianos no era a ese tipo de resurrección.

Hablando con ellos descubrió que era imposible que aparecieran tantos zombis a la vez. No de forma “natural” como ellos sabían. Se requerían meses para hacer los preparativos y cómo mucho se podían conseguir media docena. Pero a esas alturas ya habían aparecido en distintos puntos cerca de un centenar. Y la gente había comenzado a tener miedo y montar guardias por las noches. Sin contar con cosechas que se habían perdido. Aquello era un desastre para la zona.

Pero lo peor aún estaba por llegar. Al cabo de un par de semanas se había comenzado a encontrar pueblos enteros reducidos a cenizas. Cadáveres de familias enteras en sus cabañas las cuales habían sido incendiadas. La gente comenzaba a huir en masa de la zona. Estaban aterrorizados. Poco después de esos acontecimientos llegó la llamada del Vaticano a la que tuvo que acudir.

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