Jornada 9. La Ira de Dios (11)


-No, ya éramos un santuario de antes –le aclaró el prior- Claro que el término se hizo más popular debido a los desgraciados eventos que sucedieron en la isla. Algunos crueles dirían que fue cosa de Dios para aclarar el error. Pero yo creo que simplemente se debió a que tuvimos más publicidad y la gente se interesó más por nosotros. Pero pasado el momento… volvimos a ser un monasterio para el resto del mundo.

Xavier guardó un largo silencio mientras seguía escribiendo en su cuaderno apresuradamente.

-Así que los monjes que pasean por el recinto…

-Algunos son hermanos coadjutores, otros sacerdotes –le siguió aclarando el prior- Pero no tenemos monjes, me temo. No en plantilla, quiero decir.

Xavier seguía escribiendo en su cuaderno mientras trataba de aclararse las ideas.

-Supongo que no tener a mano los recursos de la Iglesia hace que su información sea así de incorrecta –señaló el prior- ¿El resto de su libro es igual de confuso?

Xavier negó rápidamente con la cabeza.

-No, toda la información es de primera mano, recogida de testigos, como estoy haciendo ahora –le aclaró- Es cierto que en algunos casos trato de informarme con antelación para prepararme y saber qué preguntar o qué esperar pero en este caso… reconozco mi vergüenza. Supongo que, como dice, los seglares no suelen dar mucha importancia a estas cosas.

-Una vez aclarado esto, y siguiendo con el tema anterior –comenzó a redirigir la conversación el prior- No sé si es usted la persona adecuada para el trabajo. Su pasado es bastante oscuro. Y su reputación… no es nada buena. Todas esas cosas hacen que me plantee si sus intenciones son realmente honestas.

-Dios sabe la verdad. Y eso es lo único que importa –le interrumpió Xavier- Lo que quiero es que la gente conozca la labor de esas personas anónimas que nadie parece recordar.