Jornada 8. Gerald contra el mundo (89)


Vázquez le sacó de sus elucubraciones.

-¿Y ahora qué? –Preguntó el soldado mientras miraba el cigarrillo con el que había estado jugueteando los últimos minutos.

-Supongo que la visita queda anulada y regresaré a mis vacaciones –respondió Gerald.

-¿Y tu misión?

-Dudo que quede alguien vivo ahí abajo –respondió apenado Gerald mirando los restos- Si los zombis no han cumplido con su misión, las explosiones y el hundimiento habrán acabado con cualquier rastro de vida.

Vázquez asintió.

-Suárez regresamos al hotel para dejar a nuestro VIP –dijo Vázquez comunicándose con el piloto- Al parecer ya no le apetece visitar el portaaviones. Ha perdido las ganas.

-Recibido. Volvemos al hotel. El Mando informa que cuando las cosas estén calmadas mandarán un equipo al portaaviones para asegurar las barras e impedir que se contamine el mar.

Durante el resto del corto trayecto de vuelta al hotel nadie dijo nada y transcurrió sin ningún otro problema. Gerald agradeció la tranquilidad. No era precisamente un hombre de acción y durante la primera plaga se había quedado escondido primero en una base militar y luego en las profundidades de un castillo a salvo del peligro. Todo lo que había pasado en los últimos minutos le había hecho recordar el motivo por el que otros hacían el trabajo sucio por él.

Pero seguía teniendo una pregunta sin responder en su cabeza, ¿qué habría sido de Mara? ¿Habría muerto? ¿Habría sobrevivido? ¿Habría tenido algo que ver con la fuga de combustible? ¿Sería pasto de los peces?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (88)


“El buque de guerra estaba partido en dos partes. La primera de ellas se encontraba girada lateralmente con la cubierta de cara a la bahía, mientras que la segunda estaba hundida en su parte delantera con el culo elevado y sobresaliendo, conformando una escena espectacular y apocalípticamente dantesca”.

Finalmente no hubo más detonaciones y la temida explosión nuclear no se produjo.

-Parece que estamos ante un milagro –dijo Vázquez jugueteando nervioso con un cigarrillo-. Espero que el gran jefe de ahí arriba no se tome a mal que tarde unos años en cumplir mi promesa de dejar de fumar…

Gerald respiró aliviado. Sus sobrinos estaban a salvo… por ahora. ¿Qué había de la radiación que habían detectado?

-Foxtrot lima uno a base, seguimos vivos –informó el piloto mientras reducía la velocidad y estabilizaba el helicóptero en el aire . El portaaviones ha quedado partido en dos y no parece razonable mandar una expedición ya que una de las partes ha quedado girada noventa grados y otra está inclinada y medio hundida. Cambio.

-Aquí base, parece que los índices de radiación están bajando. Los expertos tienen la teoría de que alguien habría sacado las barras de combustible dejándolas sin refrigeración y que con el hundimiento del portaaviones se podrían haber vuelto a refrigerar. Cambio.

Gerald comenzó a tratar de atar cabos. Lo más lógico era suponer que los torpedos habían provenido de un submarino norteamericano pero… ¿por qué iban a hundir uno de sus propios portaaviones antes de mandar una misión a arreglar el problema? ¿Falta de tiempo? Parecía una medida extrema… ¿Miedo a los zombis? ¿Habría sido una medida tomada por el capitán de la nave para tratar de parar la invasión de no-muertos radioactivos? ¿Cómo habían salido las barras de su sitio? Sabía cómo funcionaba el sistema y era a prueba de fallos. Las centrales nucleares marinas eran lo único en lo que no se regateaba en lo que se refería a dinero, materiales o personal. No se podían sabotear tan fácilmente… excepto que quisieras ocultar algo. ¿Podría ser todo obra de Doc? Tenía los conocimientos, pero ¿los medios? Por muy invitado que fuera seguramente no le dejarían acercarse a la central nuclear de manera tan sencilla… además de que requerías los códigos que ni él mismo había conseguido.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (87)


Nadie se atrevía a mirar hacia el portaaviones. Incluso los que estaban de cara al mismo preferían girar la cabeza y mirar hacia delante. Alguno de los soldados estaba rezando en voz baja. Habían dejado atrás ya el mar y ahora sobrevolaban la ciudad a gran velocidad buscando una distancia de seguridad que no sería a ciencia cierta precisamente segura.

Pasaron los quince segundos y a pesar del ruido del helicóptero pudieron escuchar la primera detonación. Unos segundos después una segunda explosión se sentía en todo el helicóptero. Pero todavía seguían vivos. Seguramente no sería tan sencillo como dos torpedos para llegar y hacer explotar la central nuclear del interior del portaaviones… pero seis o más como parecía que habían disparado… eso era otra cosa.

Gerald se cansó de esperar y giró la cabeza tratando de ver algo. El portaaviones comenzaba a mostrar una gran columna de humo en su parte central pudiendo ver cómo dos explosiones más lo sacudían y el fuego y las llamas comenzaban a multiplicarse. Pero la gran explosión seguía sin ocurrir. Aquella espera le estaba matando. Ya no tenía edad para eso. Notaba su corazón bombeando sangre al resto de su cuerpo a una velocidad increíble.

Más explosiones parecieron partir por la mitad la nave norteamericana que comenzaba a hundirse por en medio. La parte trasera comenzaba a levantarse y mostrar sus enormes hélices mientras los aviones y helicópteros que había en la pista comenzaban a ceder ante la gravedad y deslizarse hacia el agua. La parte delantera también había comenzado a inclinarse pero un par de explosiones más hicieron que se acabara girando dejando la parte de la lista a la vista desde la bahía.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (86)


Lo cierto es que los efectos habían sido los deseados… en cierta manera. Sí, la radioactividad había tenido el mismo efecto en los no-muertos que en los vivos, y con el tiempo sus cuerpos se quedaban sin carne. El problema era que duraban más que un ser humano normal y no sentían el dolor con lo que podían propagar la radioactividad de una manera más rápida y peligrosa. Por no decir imparable. Así que tras ese no-experimento se había decidido abandonar las bombas atómicas como arma contra los resucitados caníbales.

Si en el portaaviones había una explosión nuclear el resultado sería que toda la isla quedaría vaporizada, y si alguna parte sobrevivía a la explosión inicial la radioactividad acabaría con los supervivientes en cuestión de ¿horas? ¿Días? Por no decir que se podría expandir sin problemas a Francia, España, Italia, el norte de África… y eso sólo para empezar. Era un escenario de pesadilla. Pero eso daba igual, él no estaría vivo para verlo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (85)


El copiloto vio cómo la aguja que indicaba la velocidad del helicóptero se peleaba por avanzar más allá del máximo de velocidad indicada pero un tope se lo impedía.

-Activando balizas localizadoras –informó el copiloto- Que todo el mundo se prepare para un aterrizaje de emergencia… si sobrevivimos a la explosión nuclear.

Gerald comenzó a hacer cálculos rápidos mentalmente. Durante la plaga se había tratado de informar lo mejor posible de lo que pasaría si un reactor nuclear explotaba. El alcance de la explosión, las consecuencias, la radiación… Afortunadamente sólo un reactor había explotado en los aproximadamente tres años en los que la humanidad había estado en guerra. Y las malas lenguas decían que en realidad los soviéticos habían forzado esa explosión para comprobar los efectos de la radiación en los zombis.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (84)


Gerald pudo observar cómo uno de los soldados que estaban a su derecha daba un codazo al compañero que tenía al lado y señalaba en un punto alejado del mar. Miró pero no pareció ver nada en el horizonte.

El soldado avisó a Vázquez y señaló en dirección al mar. Éste tampoco pareció ver nada.

-Suarez parece que hay algo en el agua a las tres en punto del portaaviones.

El copiloto cogió los prismáticos y revisó la zona que le habían indicado. A los pocos segundos su voz alarmada sonaba por los auriculares.

-¡Torpedos! Y son bastantes.

Suarez no le dio tiempo a decir nada más. Inclinó el helicóptero rápidamente y comenzó a darle más velocidad al aparato.

-Informa a la base –dijo a su copiloto mientras maniobraba el helicóptero para que cogiera más velocidad lo más rápidamente posible tratando de alejarse lo más posible del portaaviones.

-Base, tenemos un número indeterminado de torpedos en el agua dirigiéndose directamente hacia el portaaviones. Tiempo estimado de impacto del primer torpedo unos quince segundos.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (83)


-Base, recibido. Iniciamos acercamiento al portaaviones para revisión visual. Cambio.

El piloto comenzó a maniobrar para situarse frente al portaaviones y volarlo de proa a popa desde el lateral.

-Joder –dijo el copiloto mientras señalaba las lecturas de uno de los instrumentos de a bordo.

-¿Qué sucede? –Preguntó Gerald alarmado que tenía a la vista la cabina.

Vázquez se giró para mirar.

-Parece que el contador de radioactividad ha detectado algo.

-No me jodas hombre –respondió Gerald que no se lo podía creer- Será algo residual de sus motores, digo yo.

-Base, aquí foxtrot lima uno declarando un broken arrow –comunicó el piloto nervioso a través de la radio- El contador ha captado radioactividad en aumento en la zona a medida que nos acercamos. Solicito instrucciones, llevó a bordo a un Víctor. Cambio.

Gerald no se lo podía creer. Era una broma. Eso no podía estar pasando. Debía ser una simple misión de reconocimiento. Entrar, observar y salir. Y se estaba convirtiendo en una pesadilla. Zombis, radioactividad… ¿Qué más podía salir mal?

-Foxtrot lima uno, aquí base. Los detectores de radioactividad instalados en el agua se están volviendo locos. Salgan de ahí inmediatamente y lo más deprisa que puedan. Podemos estar ante una ruptura del núcleo de uno de los reactores. Un equipo ya se está preparando para ser enviado a la zona a investigar. Cambio.

-Recibido, base.

-Volvemos a casa –informó el piloto mientras comenzaba a dar la vuelta al aparato.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (82)


Gerald al ver todo el sistema de defensa de la aeronave ponerse en funcionamiento no pudo menos que alarmarse. Si había zombis en el portaaviones, ¿qué había sido de Mara? ¿Cómo habían llegado los zombis ahí? ¿No deberían tener una seguridad más férrea los norteamericanos?

-Base, aquí foxtrot lima uno declarando un código rojo en el portaaviones USS anclado en la bahía. Hay zombis en la pista y varios incendios declarados. No hay ni rastro de vivos.

Vázquez tenía razón. Aquello era un desastre. ¿Qué estaba pasando? ¿Sería todo parte del plan de Doc o le había estallado en la cara finalmente?

-Foxtrot lima uno, aquí base. ¿Pueden hacer una pasada para comprobar si se ven supervivientes y evaluar la situación desde el aire? Control de vuelo informa que ha perdido contacto de radar con los cazas hace un par de horas. Cambio.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (81)


-Trata de mantener el helicóptero estabilizado –le pidió el copiloto- y no te acerques más… por si acaso sus defensas anti-aéreas están en automático y nos consideran hostiles.

Vázquez lanzó una mirada a Gerald de irritación mientras mascullaba entre dientes.

-Ceuta otra vez.

-Joder, hay zombis en la pista –dijo el copiloto alarmado.

Enseguida, y sin que nadie se lo tuviera que ordenar, los soldados se pusieron en alerta quitando el seguro a sus armas y comprobando que estuvieran listas para el combate. Los dos soldados que estaban al cargo de las armas grandes del helicóptero las prepararon para su uso.

-Ceuta otra vez –repitió Vázquez- Joder. ¿Cuándo tendré una misión tranquilita?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (80)


-El control de vuelo no responde –informó el copiloto- Y no recibo ninguna comunicación desde el portaaviones.

Gerald vio cómo el copiloto cogía unos prismáticos y comenzaba a mirar a través de ellos. ¿Qué estaría pasando? Definitivamente esto no entraba en sus planes.

-¿Qué hay de los aviones de patrulla norteamericanos? –Preguntó Gerald a Vázquez- Siempre tienen aviones en el aire.

-Oye, Suarez, ¿qué se sabe de los cazas yanquis? ¿Alguna señal? –Preguntó Vázquez al piloto.

-Sus cazas sólo responden al control de vuelo del portaaviones –respondió el piloto- No suelen ser muy sociables la verdad.

-Veo humo en la pista del portaaviones –informó el copiloto- Parece que uno de los aviones se ha estrellado.

-A lo mejor por eso no responden –señaló Vázquez- Están muy ocupados.

-Imposible –respondió el piloto- Las cosas no funcionan así. ¿Ves algo más?