Jornada 9. La Ira de Dios (04)


Se puso en pie y se desperezó alzando los brazos. Un escalofrío recorrió su espalda. Maldita humedad. Comenzó a caminar y se dirigió a la iglesia para asistir a la misa. Nada más entrar varias cabezas se giraron para ver al recién llegado. La curiosidad humana. Lo que no era tan humano era mostrar la incomodidad que esos rostros mostraban al verle aparecer en tan sagrado sitio. Pudo escuchar cómo el santo refugio se comenzaba a llenar de murmullos.

Cada día era igual. La mayoría de turistas que había en esos momentos en el Monasterio eran creyentes y veteranos y habían escuchado de manos de los hermanos quién era y su historia. Bueno, la versión oficial. Y por supuesto la gente estaba escandalizada de que alguien excomulgado apareciera en SU iglesia.

El abad ya le había advertido. Cuando había informado al resto de la congregación no todo el mundo compartía el pensamiento cristiano de que no se podía impedir el refugio a nadie, por muy excomulgado que estuviera. Al parecer la gente había olvidado que Jesús había nacido en un pesebre porque sus padres habían sido repudiados y nadie les había querido alojar. La memoria selectiva de la Humanidad era así de característica.

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