Jornada 8. Gerald contra el mundo (86)


Lo cierto es que los efectos habían sido los deseados… en cierta manera. Sí, la radioactividad había tenido el mismo efecto en los no-muertos que en los vivos, y con el tiempo sus cuerpos se quedaban sin carne. El problema era que duraban más que un ser humano normal y no sentían el dolor con lo que podían propagar la radioactividad de una manera más rápida y peligrosa. Por no decir imparable. Así que tras ese no-experimento se había decidido abandonar las bombas atómicas como arma contra los resucitados caníbales.

Si en el portaaviones había una explosión nuclear el resultado sería que toda la isla quedaría vaporizada, y si alguna parte sobrevivía a la explosión inicial la radioactividad acabaría con los supervivientes en cuestión de ¿horas? ¿Días? Por no decir que se podría expandir sin problemas a Francia, España, Italia, el norte de África… y eso sólo para empezar. Era un escenario de pesadilla. Pero eso daba igual, él no estaría vivo para verlo.

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