Jornada 8. Gerald contra el mundo (62)


Gerald miró el teléfono pensativo. ¿Qué pintaba él en una urgencia así? Al principio le había hecho gracia lo de ser experto en zombis… pero ahora estaba ocupado con cosas importantes de verdad. Si el resto de hoteles no habían respetado las reglas no era problema suyo. Y menos el tener que solucionarles ahora esa patata caliente.

Miró a sus sobrinos con cierto aire de suficiencia. Él había revisado las normas anti-zombi y las había ido actualizando en el hotel. Había estado encima de todo el mundo durante el proceso, asegurándose de que nadie cogía un atajo más barato. Para él el dinero no era un problema pero sí la seguridad, y por eso se había preocupado tanto. Nunca llevaría a sus sobrinos a un sitio que no pensara que fuera seguro. Y el hotel en el que se hospedaban lo era. Ni un terremoto, o maremoto podría hacerle nada. Oh sí, tal vez temblaría un poco, o acabaría sumergido. Pero dentro del mismo no ocurriría nada. Era un hotel autosuficiente. Tenía su propio pozo de agua, su sistema de filtración y re-utilización de líquidos. Un sistema de energía independiente de la ciudad. Un bunker en primera línea de playa. Por supuesto un bombardeo o un impacto directo de misiles lo destrozaría pero ¿quién querría hacer algo así?

Y ahora le pedían que solucionara un problema del que no sabía ni por dónde empezar… además que ya era tarde. Cuando la infección se manifestaba en un lugar cerrado simplemente era una cuestión de tiempo de que ese sitio acabara lleno de cadáveres ambulantes y sin supervivientes. Él ya había dado la única solución posible: Evacuar. Pero le habían puesto pegas. ¿Qué más podía hacer? ¿Ir a cogerles de la mano para sacarles?

-Mira Pep, en serio, no sé qué más puedo hacer –se excusó- Yo ya di mi opinión. Que pidan ayuda al ejército. A lo mejor tienen suerte y van a ayudarles.

-Ése ya no es el problema –le contestó Pep- Apenas queda nadie sin infectar- Quiero que nos prestes el helicóptero para poder evacuar a unas pocas personas.

Gerald suspiró. El helicóptero. Uno de sus planes de emergencia. Volvió a mirar a sus sobrinos. Y suspiró otra vez. ¿Cómo decirle que no? ¿Cómo explicarle que eso podría poner en peligro a lo único que le importaba en ese mundo?

-Ahora subo –dijo finalmente con vez grave. Si debía decirle que no debía ser en persona.

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