Jornada 8. Gerald contra el mundo (53)


-Por supuesto que no estoy sugiriendo eso –dijo Pep bastante molesto- Sólo digo que siempre hay una primera vez.

-No soy científico –respondió Gerald- Pero seguramente uno te diría que no es suficiente con que a alguien se le caiga la caspa en la comida para contaminar un envío. Y seguramente un dedo o una mano hecho papilla y repartido en cientos de toneladas no permitiría una infección. Además que sería mucha casualidad que todas las partidas hubieran ido a parar a los hoteles de esta isla exceptuando aquí. Vamos, que creo en las conspiraciones pero esto es ridículo hasta para mí.

-Así que simplemente nos quedamos a mirar cómo se convierten en zombis –sugirió Pep.

-Hasta tener más datos, sí –respondió Gerald tranquilamente- Y ahora os dejaré elucubrando sobre vuestras teorías para ponerme manos a la obra y tratar de descubrir que está pasando.

-Pues ya se puede dar prisa –dijo Thomas al otro lado del teléfono- Mi jefe de seguridad me acaba de informar de que hemos perdido otras dos plantas y medio centenar de personas.

Gerald no dijo nada. Saludó con la cabeza y salió del despacho pensativo. Realmente era curioso que todos los hoteles estuvieran infectados. Menos el suyo. ¿O tal vez no? Había un miembro de la organización en el hotel, tal vez lo que fuera que estuviera afectando a los demás habían decidido que no les afectara a ellos. ¿Pero sobre qué tendrían control para poder tomar ese tipo de decisiones? Además, estando Doc por medio era complicado que un detalle como un miembro de la organización le impidiera llevar a cabo su experimento. Si al menos supiera cuál era… Podía tener acceso a casi todos los ordenadores del mundo, una cantidad de información tal que marearía decírselo a cualquier persona normal, pero el maldito científico… ya fuera por afición o aposta no solía usar los ordenadores. Y cuando los usaba eran ordenadores de otras personas y para cosas triviales. Era de papel y lápiz. O de dejarlo todo en el lugar más seguro del mundo, su cabeza. La cuál estaría de maravilla en su sala de caza en el castillo, pero no había podido cobrarse esa presa.

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