Jornada 8. Gerald contra el mundo (44)


Fue todo muy rápido para que sierra pudiera reaccionar. Un momento estaba de pie, enfrente de Gerald y al siguiente estaba flotando en el aire, con la espalda pegada al cristal de seguridad y la mano del informático en su cuello.

-Nunca vuelva a amenazar a mis sobrinos –dijo Gerald acercando su rostro a la oreja de ‘sierra’- Creía que había quedado claro la última vez que surgió el tema. Pero parece que encontrarse a sus esbirros desmembrados… y vivos no ha sido suficiente. Tal vez comenzando a desmembrar sus miembros más importantes consiga algo.

-Está cometiendo un error –respondió ‘sierra’ notando cómo el aire comenzaba a faltarle- Si me pasa algo… no habrá sitio sobre la tierra en el que pueda esconderse.

-Muchos han hecho esa amenaza y todavía sigo vivo –señaló Gerald mientras apretaba más el cuello de su víctima- Es el problema de la gente que ve a un gordo y piensan que es un inútil. Pero paso tres horas diarias en el gimnasio, ¿cómo cree que he sobrevivido todo este tiempo?

-Si no me suelta morirá aquí y ahora –le amenazó ‘sierra’ mientras trataba de respirar- ¿Se cree que estoy sola?

Gerald observó por el rabillo del ojo como dos hombres de negro aparecían corriendo por la pasarela que comunicaba el hotel con la piscina.

-¿Se cree que yo estoy sólo? –Preguntó Gerald mientras seguía sin soltar su presa- ¿O desarmado?

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