Jornada 8. Gerald contra el mundo (35)


Siguió caminando. Necesitaba relajarse. Una semana encerrado en el mismo pequeño espacio le había puesto nervioso. Sus sobrinos le habían aliviado la mayor parte del tiempo con sus historias fantásticas y sus planes de futuro: Cazadores de zombis, por supuesto. Pero cada vez que se tenía que cruzar con Sarah… Y Jordi había entrado en modo autista. Al acabar su misión se había replegado y apenas hablaba como no fuera en gruñidos.

Y así durante siete días. Pero ya era libre. Ahora podía… caminar por los pasillos del hotel… sin poder salir del mismo, esperando a que los zombis se invitaran al hotel sin hacer reserva… Y de dónde no podía salir… Su jaula era más grande pero seguía siendo una jaula. Llegó a su habitación y comprobó que todos sus equipos informáticos estaban en marcha y bien. Tendría que revisar varias cosas como el estado de los satélites que una de sus empresas había lanzado y si todos los componentes adicionales que había incorporado funcionaban. Tendría que revisar siete días de comunicaciones mundiales e inventarse filtros ingeniosos para no perder información importante. Pero bueno… no tenía mucho más que hacer, y no se iba a mover de donde estaba seguramente en mucho tiempo por mucho que Pep confiara en que todo se acabaría resolviendo de forma rápida y eficiente.

Los días esperando la intervención del glorioso gobierno español se convirtieron en semanas. Pep, con el que Gerald se encontraba regularmente se mantenía firme en su idea de que todo iba a salir bien. Que era cuestión de tiempo y de paciencia. Que una operación así requería de mucha planificación.

Gerald había optado por no insistir en el tema. Por supuesto que por su seguridad y la de sus sobrinos le encantaría estar equivocado; pero las pruebas decían otra cosa. El gobierno no estaba moviendo un dedo y las órdenes, que Gerald había… encontrado, a los militares eran de no intervenir, patrullar la ciudad y procurar que los ciudadanos no trataran de recuperar la ciudad. O de huir de la isla. Al parecer la idea principal era que no abandonaran la ciudad directamente, pero los altos mandos les habían señalado que eso era imposible. Así que las órdenes finales eran impedir un éxodo masivo a los pueblos de la isla.