Jornada 8. Gerald contra el mundo (25)


Habían pasado tres días en ese habitáculo y nadie mostraba, por ahora, señales de contaminación. Al menos les estaban tratando bien y la comida era abundante. Según le había informado Pep, el director del hotel, Internet seguía caída, los teléfonos móviles no funcionaban y los zombis rondaban libremente por la ciudad según se podía saber por informaciones que transmitía la radio y el canal autonómico balear que de vez en cuando conseguía transmitir noticias.

Gracias a su conexión privada de Internet podía enterarse de lo que pasaba en el mundo más allá de lo que decían las televisiones. A ver quién se reía ahora, recordaba cuando había planteado poder usar los satélites, en la construcción de los cuales participa una de sus subsidiarias, como línea privada de comunicación tanto de voz como de Internet. Todo el mundo le había tachado de paranoico… y ahora sólo él en toda la isla tenía conexión a Internet… claro que no podía bajarse porno al estar sus sobrinos al lado, pero bueno…

El caso es que el gobierno español había pasado de hacer comunicados cada 8 horas a no hacerlos diciendo que cuando hubiera cambios se informaría a los medios. Que dado que todo iba bien no había nada más que añadir.

Y la verdad era completamente diferente. Pero nadie podía decirlo dado que las comunicaciones con el exterior habían sido cortadas. Estaban aislados del mundo. Y al mundo no le importaba.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (24)


Volvió a bostezar. Sus sobrinos ya se habían ido a dormir terriblemente cansados por los sucesos de aquel día; Jordi estaba haciendo una serie de ejercicios en el suelo de la sala común, parecía… un oso panda, dado que con la espalda pegada al suelo y las rodillas en el pecho simplemente se mecía. Si escuchaba con atención podía oír los sollozos de Sarah. Seguramente tenía la cara enterrada en la almohada y estaba llorando desconsoladamente. Pero aquellas paredes no permitían demasiada privacidad. Lo sentía por ella. Era muy duro imaginar que podías salvar a alguien y no hacerlo. Imaginar cómo seguramente morían desangrados o quemados dentro de aquel coche.

Gerald se levantó y se dirigió a su habitáculo para ducharse. Era cierto que le habían desinfectado antes de entrar pero no era lo mismo hacerlo por voluntad propia que por obligación.

Cuando acabó de ducharse simplemente se tiró en la cama tratando de dormirse y pensar que cuando se levantara todo estaría mejor y las palabras del gobierno español se convertirían en hechos.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (23)


Se sentó en la mesa que había en la zona común y encendió su ordenador. Quería saber cómo estaba tratando el resto del mundo la nueva plaga zombi y pensar en otra cosa menos… funesta.

Bostezó mientras leía las noticias de las webs menos formales, para éstas todo era cosa de extraterrestres que en esos momentos estaban sometiendo a estudios médicos insidiosos a los mallorquines (realidad que no se alejaba mucho de lo que estaba viviendo él) o un complot del gobierno para ocultar experimentos con humanos. Nada nuevo sobre las teorías de la conspiración típicas.

En las webs oficiales el presidente del gobierno daba un mensaje claro de tranquilidad, al parecer la plaga sólo se había producido en la ciudad de Palma, estaba controlada y era cuestión de poco tiempo el recuperar la normalidad; el ejército se había comportado de forma ejemplar y había atajado el problema enseguida. Seguramente debía de estar hablando de otra isla, pensó Gerald. Lo que ahora preocupaba al informático era que la versión oficial decía que no había problemas y que el ejército controlaba la plaga. Nada se decía de la masacre en la Noche de Reyes, los aviones derribados, la burla de los soldados y su pasotismo, era algo que le alarmaba.

Algunos sitios se atrevían a decir que el gobierno no decía toda la verdad, que la plaga no estaba controlada y denunciaban la falta de comunicación con la isla que el gobierno señalaba como motivos de seguridad. ¿Qué motivos de seguridad podía tener el gobierno que no fueran ocultar la verdad?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (22)


Gerald recorrió el cubículo de cristal preocupado. Deberían pasar una semana ahí para comprobar que no estaban infectados. Durante ese tiempo serían sometidos a una batería de pruebas, se les extraería sangre tres veces al día, su orina sería también sometida a pruebas y las imágenes que habían tomado de sus cuerpos desnudos serían analizadas en busca de cualquier herida abierta, señales de mordeduras, arañazos… Pero había algo que le preocupaba, ese sitio se había diseñado para lo que se sabía de los zombis, pero el comportamiento de los que había visto ese día difería en parte de lo que venía en los manuales: resurrecciones rápidas, casi inmediatas, más rápidos y ágiles en algunos casos… El protocolo normal era que si alguien moría estando en cuarentena su cadáver era quemado; no había prisa, el record de resurrección de un zombi estaba en un día o doce horas… o algo así, nunca había prestado mucha atención; el caso es que se tenía tiempo de sobra de deshacerse del muerto antes de que resucitara… hasta ahora.

Los muertos vivientes habían evolucionado. Lo cual era imposible. ¿Cómo algo muerto podía evolucionar? Claro que también la lógica decía que algo muerto no podía moverse y fíjate… no sólo se movían sino que eran peligrosos.

Y ahora encima eran más peligrosos y más impredecibles. Y esa cárcel de cristal no les detendría, de hecho, tenía la sospecha de que si alguien se convertía ahí dentro el resto de ocupantes correrían su misma suerte. Y nada podría detenerles.

Trató de quitarse todos esos pensamientos de la mente. Sabía que Sarah no estaba contaminada, no había salido del coche en ningún momento; lo mismo que él y sus sobrinos, los había vigilado de cerca; claro que Jordi… era un peligro. No había vigilado sus movimientos, ni si había sido herido… y rezaba para que no fuera así.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (21)


Gerald no pudo evitar pensar en cómo la gente seguía considerando a los informáticos inofensivos con un ordenador. Como si no fuera capaz de entrar en el sistema del hotel y juguetear con él… Bueno, tampoco se esperaba que él fuera una amenaza así que…

Los cinco fueron llevados por un largo pasillo hasta una zona que Gerald sólo había visto en los mapas: La cuarentena. Era un enorme espacio iluminado y blanco. Demasiado blanco. Estaba lleno de cámaras, ordenadores, pantallas, instrumentos médicos de todos los tamaños y una docena de médicos y enfermeras esperando seguros hasta que ellos entraran en la zona de seguridad.

Por supuesto todo el mundo sabía que el virus zombi no se cogía por el aire, en teoría, pero toda precaución era poca.

En el centro de la sala había un cubículo de cristal y en su interior diversas habitaciones para sus ocupantes que rodeaban una zona común en la que la gente ahí encerrada pudiera hablar y socializar. Uno a uno fueron entrando en una zona en la que tenían que desvestirse, se les tomaban imágenes de sus cuerpos desde todos los ángulos y eran tratados con algún extraño producto químico que se suponía podría hacer algo contra la infección zombi. Se les extraía sangre, y se les daba una muda nueva. Luego ingresaban en el cubículo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (20)


-Teníamos entendido que debíamos esperar dos vehículos –dijo uno de los hombres acercándose al grupo.

-Tuvo un accidente –dijo secamente Sarah- Todos muertos.

Luego lanzó una mirada a Gerald que parecía preguntarle si estaba contento. El informático no lo estaba. Para nada.

-Necesitaré que nos den sus armas –continuó el que parecía estar al mando.

-Claro, como que los zombis saben disparar –dijo Gerald en lo que trató de ser un comentario sarcástico.

-No, pero los humanos nerviosos y a punto de morir hacen muchas tonterías –le respondieron.

Gerald desmontó su escopeta y la guardó en la mochila, luego sacó los estuches de las pistolas de sus sobrinos y le sindicó que las dejaran ahí. Vio orgulloso cómo antes sus sobrinos ponían el seguro, quitaban el cargador y comprobaban que no habían dejado ningún proyectil en la recamara del arma. Que alguien se tuviera que sentir orgulloso de eso… ¿En qué mundo vivían?

Cuando iba a entregar la mochila se acordó de algo y sacó su portátil y el cargador de la mochila.

-No creo que pueda matar a nadie con esto –dijo Gerald señalando el portátil- Claro que…

Pensó en la cantidad de información que había obtenido con ése y otros ordenadores y la de gente que había muerto debido a esa información. En su mayoría mercenarios tratando de matar a Mara.

-Quiero decir físicamente –se corrigió Gerald.

Luego pensó en cómo una vez había comprobado que el teclado no era lo suficiente duro cómo para acabar con un zombi cuando éste se había colado en su estudio. En cambio el portátil… Quedó destrozado pero la cabeza del zombi también.

-O sea… que no dispara balas, ¿vale? –Continuó Gerald explicándose ante la mirada confusa de todos- ¿Me lo puedo quedar?

-El jefe nos ha dado instrucciones de que puede quedarse con lo que no ponga en peligro al resto del personal. Puede quedarse con su ordenador.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (19)


Por el camino apenas vieron zombis. Seguramente el centro de la ciudad debía ser más atractivo para ellos que la costa. Y, al contrario que con la primera plaga, no había coches abandonados en medio de la calzada, ni volcados ni ardiendo. Claro que si se tenía en cuenta las restricciones de tráfico por la Cabalgata de Reyes a lo mejor eso resultaba una mejor explicación que la de suponer que la gente se había portado de forma civilizada y tomado el tiempo para aparcar los coches.

El Paseo Marítimo, tan lleno de ritmo (o eso decían los jóvenes del lugar) a esas horas de la noche estaba desierto. Todos los locales estaban cerrados, con las luces apagadas. Lo único que parecía estar vivo eran los hoteles, aunque la mayoría parecía haber optado por pasar desapercibidos tratando de apagar el mayor número de luces posibles y así no llamar la atención de los zombis.

La llegada al hotel no rompió el incómodo silencio. Entraron al garaje subterráneo donde les estaban esperando varios miembros de seguridad vestidos con traje de vacío. Habían activado el protocolo para recibir gente de fuera. Armados y atentos le sindicaron que bajaran del vehículo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (18)


El interior del vehículo se quedó en silencio tras las palabras de Gerald y todos esperaron a ver qué pasaba vigilantes de que los zombis no aparecerían de repente. Los minutos fueron pasando mientras las llamas envolvían los vehículos y nadie parecía salir de los mismos. En un momento determinado en el monovolumen pareció verse movimiento, pero nadie salió del vehículo. Tal vez Gerald tendría razón y sólo quedaran zombis en su interior. No se escucharon gritos de auxilio ni de dolor. Nada. Sólo el ruido del metal sometido a las altas temperaturas del incendio y crujiendo.

Cuando estaba claro que nadie saldría de los vehículos Gerald se permitió volver a hablar.

-Deberíamos continuar e irnos de aquí. Los zombis se están acercando peligrosamente alertados por las llamas. Y puede que los vehículos acaben explotando… como pasa en las películas.

Sarah no dijo nada y simplemente puso en marcha el suburban. Condujo en silencio y parándose en los semáforos que había en rojo sin que Gerald protestara más por su comportamiento. Gerald tampoco parecía con ganas de decir nada. Las personas a bordo del otro vehículo habían tenido una muerte estúpida y absurda. Seguramente ni siquiera habrían tenido conciencia de lo que había pasado. O eso esperaba. Que el choque los hubiera dejado inconscientes… o muertos. Se odiaba a sí mismo. Pero sabía que de haber tratado de salvarles hubiera puesto en peligro la vida de sus sobrinos. Prefería que le llamaran cobarde a ver morir a los chicos. Ellos todavía tenían una vida por delante de la que disfrutar. O tratar de hacerlo. Y no iba a permitir que nada ni nadie pusiera en peligro ese objetivo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (17)


El otro vehículo era un coche familiar de esos tan largos y tan difíciles de aparcar, un monovolumen. ¿Qué había pasado? ¿Realmente había sido por saltarse el semáforo? No, eso no explicaría la velocidad a la que iba el otro coche.

Sarah puso en marcha el suburban con intención de acercarse al accidente y entró en el cruce con precaución por si aparecía otro coche a toda velocidad. Gerald miró en la dirección de donde había venido el vehículo que había chocado.

-No te acerques más –le advirtió Gerald a Sarah que frenó inmediatamente.

-Pueden haber sobrevivido –dijo Sarah señalando los vehículos- Pueden estar heridos y necesitar nuestra ayuda.

Gerald observó que comenzaban a aparecer llamas alrededor de los vehículos accidentados. Al volcar el suburban, y debido al choque seguramente, el depósito de combustible del monovolumen se habría rajado y con ambos vehículos metálicos arrastrándose por la calzada las chispas producidas habrían encendido el líquido inflamable. Pero ése no era el mayor problema.

-Mira hacia la zona de dónde venía el coche –dijo Gerald señalando hacia la derecha- Está llena de zombis. Y me da a mí que si había alguien en el vehículo no estaba ya vivo cuando chocó. Seguramente habría intentado salir del parking subterráneo con vida… y no lo consiguió. Puede que ya fuera un zombi o no cuando el coche estaba en marcha. Pero si chocó a esa velocidad te aseguro que nada vivo iba al volante.

-Pero los demás… -dijo Sarah señalando de nuevo el suburban volcado.

-Reza para que ya estén muertos –respondió Gerald endureciendo el rostro- Si nos quedamos aquí nos rodearán los zombis antes de que lo que nos imaginamos. Además, los vehículos están ardiendo. No podemos acercarnos. Esperaremos lo que podamos. Y si alguno sale por su propio píe… y vivo trataremos de ayudarles.

-Cabezota cobarde –dijo entre dientes Sarah mientras aferraba el volante con ambas manos con tanta fuerza que enrojecían.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (16)


-Ya tendré una conversación con esas mujeres cuando todo esto se acabe –dijo Gerald en tono serio- Ya me podrían haber avisado o hablar conmigo del tema, de hecho tengo un par de ideas que podrían habernos ayudado.

El vehículo se detuvo ante un semáforo que había en el cruce con la sorpresa de Gerald. El otro vehículo siguió adelante.

-El semáforo está rojo –señaló Sarah como toda explicación- Y mamá siempre me ha insistido en que debo respetar las señales de tráfico.

Gerald abrió la boca para decir algo pero nada salió de su boca al ver cómo un coche arrollaba al vehículo que les había adelantado por su lateral y se lo llevaba por delante haciendo que volcara.

Ambos vehículos continuaron moviéndose pasando por encima de la mediana y chocando contra la fachada del edificio que había en la esquina del cruce.

La cara de pánico de Sarah y el grito de sorpresa que soltó resumió lo que sentía el resto del grupo. Gerald miraba la escena atónito. Sólo habían sido unos segundos pero todo había pasado tan rápido… al contrario que cuando aquel zombi había salido del coche… Un momento el vehículo acompañante estaba ahí y al siguiente estaba volcado estrellado contra un edificio.