Jornada 8. Gerald contra el mundo (3)


Tal vez si podían romper la ventana de uno de los vehículos, meter dentro a sus sobrinos y que trataran de encerrarse en el maletero o se quedaran acurrucados en el suelo del vehículo… El resto llamaría la atención de los zombis y los alejarían del coche y sólo tendrían que esperar a que alguien viniera a rescatarles… ¿pero quién? ¿Y si algún zombi se colaba? No, no podía dejar a sus sobrinos solos ante el peligro…

Pero algo había que hacer. Buscó con la mirada a Jordi, el encargado de su seguridad, esperando que éste tuviera alguna solución pero en sus ojos se veía que no era así. Negó con la cabeza y se golpeó los mofletes con sus manos para espabilarse. Lo primero era lo primero. No podían seguir ahí parados. Eran un blanco fácil. Debían seguir caminando avenida abajo, en dirección al mar, y luego… bueno, luego ya se vería. Tal vez entrar en el agua esperando que los zombis no les siguieran o meterse hasta aguas profundas para que los muertos vivientes se hundieran.

-Debemos movernos –dijo finalmente viendo con preocupación la pequeña distancia que les separaba del grupo de zombis- Improvisaremos sobre la marcha. Por ahora debemos seguir vivos, ahorrar munición y no dejar que ninguna de esas cosas se nos acerque.

Jordi indicó a dos de sus hombres que abrieran el camino mientras él se quedaba en retaguardia. Gerald y sus sobrinos iban en medio del grupo.

-Chicos nada de disparar –advirtió Gerald a los jóvenes- Puede que vuestros proyectiles sean lo único que nos quede.