Jornada 7. De policías y militares (79)


Vázquez iba con el primer grupo que entró por la puerta principal del castillo atravesando el puente que colgaba y permitía el acceso. En el foso había una gran cantidad de zombis, miró arriba y vio como caían desde lo alto de la muralla tratando de alcanzar la torre con los supervivientes. Otro grupo se encargaría de esos zombis que por ahora eran inofensivos dado que no podían salir del foso.

El patio era peor. Apenas se podía caminar sin tropezar con algún cadáver, nada más entrar había restos de lo que parecían ser hábitos de sacerdote. Seguramente habrían tratado de impedir la entrada de los zombis con la palabra de Dios… sin éxito. Lo que le llamaba la atención a Vázquez era que apenas había uniformes entre los muertos. Parecía que sólo había zombis de civiles… ¿Qué habría pasado en el castillo realmente? Seguramente nunca se sabría.

Los soldados entraron en el castillo formando una cuña y disparando a todo lo que se moviera tratando de que los disparos fueran mortales en su primer intento y de que su enemigo no se acercara a ellos. A distancia los zombis no representaban un peligro, pero gracias a su número superior y que no tenían miedo a morir podían reducir esa distancia hasta el cuerpo a cuerpo donde eran mortales.

Jornada 7. De policías y militares (78)


Al menos eso haría que fuera más sencillo acabar con los zombis del castillo, dado que ahora los estaban atrayendo al exterior. Avisó al grupo que entraba por el bosque que los zombis estaban saliendo de la fortaleza y que procedieran con precaución.

Cada vez aparecían zombis con más frecuencia y ahora el problema era doble, apartar los coches y no dejar que los zombis avanzaran más de la cuenta. Estaban en peligro de ser desbordados por su número cuando unos metros más adelante comenzaron a escuchar disparos de ametralladora. El otro grupo había llegado a la entrada del castillo y ahora los zombis se encontraban entre dos fuegos.

Gracias al otro grupo, el convoy guiado por Vázquez pudo llegar al parking del castillo en unos minutos y comenzaron a bajar para limpiar la zona y rescatar a los supervivientes que quedaban en la torre de Homenaje del castillo.

Los humvees se distribuyeron formando una barrera como si estuvieran en el antiguo Oeste protegiéndose de un ataque de los indios. Los soldados al cargo de las ametralladoras se encargaban de que la zona exterior del castillo estuviera limpia mientras que los que iban a pie comenzaron a avanzar hacia el castillo disparando a los zombis sin compasión y sabiendo que en el fondo les estaban haciendo un favor.

Jornada 7. De policías y militares (77)


El problema que se les presentaba ahora era que les estaba costando acercarse al castillo más de lo que habían previsto. Si no iban con cuidado les pillaría la noche en medio de la operación de rescate.

A mitad de camino el primer comité de bienvenida les estaba esperando. Un par de docenas de zombis bajaban por la carretera seguramente alertados por el ruido que habían ido haciendo al mover los coches abandonados. Las ametralladoras comenzaron a escupir sus mortales balas dejando un espectáculo de casquería digno de las películas de zombis que se veían a menudo en los cines. Era una de las pocas cosas que la ficción respetaba, la cantidad de trozos que volaban cuando un zombi era alcanzado por una de las balas explosivas que las armas de los militares usaban. Eran efectivas, sí, pero ver lo que le hacían a un cuerpo humano no era nada agradable y más de un soldado que no estaba acostumbrado vomitó la comida que se estaba digiriendo en su estómago.

Vázquez ordenó avanzar más deprisa, tratando de ganar tiempo al sol que comenzaba a bajar lentamente por el horizonte. Los vehículos civiles ya no eran retirados de forma delicada sino que usaban la fuerza bruta de los humvees para empujarlos a un lado. Eso provocaba que cada vez aparecieran más zombis a su camino atraídos por el ruido de los coches arrastrados y de los disparos de las ametralladoras para acabar con los no-muertos.

Jornada 7. De policías y militares (76)


Las instrucciones indicaban que había que esperar entre dos y cuatro horas antes de entrar en la zona que había sido tratada así que para sobre seguros Vázquez decidió esperar seis horas. Tenían tiempo, así que mejor ir sobre seguros. Mientras comía escuchó disparos aislados de los soldados que había mandado a limpiar la zona. Al menos estarían entretenidos y harían una labor social. Todos los soldados volvieron sanos y salvos más alegres de cómo se habían marchado.

Al cumplirse el plazo, Vázquez entró en el vehículo y comunicó que se ponían en marcha. Era el momento para que los francotiradores comenzaran a hacer limpieza y luego les tocaría a ellos eliminar la oposición en el interior del castillo.

Por la radio el grupo que entraba por el bosque de Bellver informó que la zona estaba llena de huesos y que había algún zombi suelto, pero la mayoría estaban desmembrados y no representaban un peligro real. Vázquez pensó en dejar los huesos tirados a ver si al menos servían como abono para el bosque; el problema era que la carne muerta de zombi no era aceptada por la naturaleza en ninguna de sus formas, aunque nunca había escuchado nada sobre los huesos… Bueno, pasaría el dilema al teniente para que él decidiera y los científicos lo estudiaran. No le pagaban lo suficiente.

Los francotiradores dieron la luz verde y el convoy de Vázquez comenzó a avanzar lentamente. Cada pocos metros tenían que pararse para retirar vehículos abandonados camino del castillo. En su mayoría estaban abandonados pero alguno tenía sorpresa y los soldados se llevaron más de un susto. Nunca sabían de dónde podía salir uno de aquellos muertos vivientes. De debajo del coche, del interior, incluso uno salió de dentro del maletero, seguramente el dueño tenía apego a aquella persona o simplemente fue alguien herido, o no, que acabó muriendo en su interior de una muerte horrible… Vázquez podía imaginarse la historia, ¿qué habría sido? Esperaba que hubiera sido una muerte rápida, y no debida al hambre o la sed. Sabía de gente que por miedo se había escondido y había muerto esperando la oportunidad de poder escapar.

Jornada 7. De policías y militares (75)


-Joder, ya era hora –dijo mientras disfrutaba de la primera calada- Y antes de que digas nada, no, no hay peligro alguno ahora que no tenemos enormes pájaros de metal meando desde el cielo.

Escobar negó con la cabeza.

-Ese vicio tuyo te traerá un disgusto un día de estos –le señaló Escobar negando con la cabeza.

En ese momento un zombi salió de un portal cercano y comenzó a dirigirse hacía Vázquez que le vio y puso cara de disgusto.

-Joder, Escobar, ya podrías estarte calladito –le recriminó mientras miraba a su alrededor- ¿Quiere alguien encargarse de ese bicho por favor que yo tengo las manos ocupadas?

Un soldado de un humvee cercano salió y con cierta tranquilidad apuntó su fusil y disparó a la pierna del zombi casi arrancándosela haciendo que se cayera al suelo.

-Joder –dijo Vázquez sacando su pistola y dirigiéndose hacia el zombi- A la cabeza, para matarles hay que darles en la cabeza. Que con el careto que tenía no podía estar vivo.

Cuando llegó a su altura disparó a la cabeza del zombi sin miramientos.

-Y ahora listillo coge a tus compañeros y revisad los portales cercanos para que nadie me interrumpa más.

Los compañeros del soldado salieron y casi todos le golpearon en la cabeza agradeciéndole la misión para la que les había convertido en voluntarios.

Jornada 7. De policías y militares (74)


Vázquez podía observar desde la distancia cómo los hidroaviones iban y venían descargando su carga con precisión sobre el centro del bosque de Bellver. Los helicópteros se encargaban de la tarea más quirúrgica de las zonas más cercanas a la civilización. Lo único que le molestaba de toda la operación era tener puesto el traje de guerra química lo que le impedía fumar, cosa que recordaba cada vez que trataba de llevarse a la boca el pitillo que tenía en la mano y con el que jugueteaba nervioso.

-No te extrañe que Ibáñez pensara en que no pudieras fumar cuando te asignó esta misión –le dijo Escobar desde el asiento del conductor del humvee en el que se encontraban.

-Ese hombre es el mal en persona –dijo Vázquez mirando con atención el cigarrillo- ¿Seguro que es necesario toda esta parafernalia?

-Por mí puedes quitártelo y salir a fumar afuera –respondió Escobar- Tú sabrás. Es tu vida.

Vázquez murmuró algo por lo bajo mientras prestaba atención a las comunicaciones. Los pilotos informaban que toda la zona designada había sido bañada con el compuesto. Y ahora tocaba esperar. El ruido de los motores se fue apagando y el soldado salió al exterior con cuidado. No había ni rastro del compuesto con el que habían bañado a los zombis. Rápidamente se quitó la parte superior del traje y encendió el cigarrillo.

Jornada 7. De policías y militares (73)


En el castillo se vivía una calma tensa. Las cosas se habían relajado un poco después de que el comisario informara a los supervivientes que el ejército iba a rescatarles. Pero aún así las miradas hacia los soldados que había en la Torre del Homenaje seguían teniendo cierto deje de sospecha. El comisario había intentado volver a dormir unas horas pero no lo había conseguido por culpa de los nervios así que desayunó con una de las raciones del ejército que había en el castillo y descubrió con asombro que no había café… ¿A quién se le había ocurrido guardar víveres sin poner un par de cajas de café? Se tuvo que conformar con un vaso de leche con cacao… que de eso sí habían dejado… y en grandes cantidades.

Al cabo de unas horas la tensión volvió a todos los presentes cuando se comenzó a escuchar el ruido familiar de los motores de los hidroaviones. El comisario tuvo que alzar la voz para calmar a la gente. Así que a eso se refería el teniente cuando mencionó lo del líquido. Los hidroaviones iban a soltar algún tipo de líquido, corrosivo por lo que había dejado caer el militar, que se encargaría de los zombis de la zona. O era gasolina y lo iban a quemar todo. Prefirió no mencionar nada de eso y les calmó diciendo que era parte del plan y que siguieran las instrucciones que había dado con anterioridad. Se fue comprobando que las ventanas estaban cerradas y la gente abandonó la última planta. Si entraba líquido seguramente entraría y se quedaría en esa planta… Salvo que fuera algún producto ácido como recordaba había pasado en una película de ciencia ficción en la que la sangre del bicho alienígena atravesaba varias cubiertas de una nave espacial. El comisario trató de quitarse esos pensamientos negativos. Debía dar ejemplo.

Jornada 7. De policías y militares (72)


Ibáñez se puso manos a la obra y comenzó a dar órdenes para preparar la operación. Lo más sencillo fue convencer al Alto Mando. Cómo se iban a negar a probar un arma experimental en un teatro de acción real; valorarían los resultados y si había algún problema lo apuntarían y lo tratarían de resolver de cara a crear una nueva versión. Y los políticos no dirían nada dado que se trataba de salvar vidas. Y si no se podían salvar… bueno, lo habían intentado, y los muertos no se quejaban, por mucho que resucitaran.

En unas horas todo estaba listo y Vázquez se había puesto en marcha rumbo al castillo. La idea era que su grupo entraría por la carretera principal, mientras que otro grupo formado por soldados del cuartel general entrarían a través del bosque de Bellver una vez pasadas las horas aconsejadas por los científicos en los informes. Además irían vestidos con trajes NBQ por si acaso y en vehículos cerrados. Ellos serían los primeros observadores del resultado del experimento.

Ibáñez se puso en contacto con el castillo para avisarles de lo que iba a pasar. Pero su interlocutor no le supo o quiso decir si Castillo y el sargento estaban entre los supervivientes. Ya era malo que al mando de ese grupo estuviera un civil, por muy comisario de policía que fuera. De la policía local… si al menos fuera de la Nacional… Pero el mundo no era perfecto. Dio las órdenes para que los aviones y los helicópteros se pusieran en marcha rumbo al castillo. Ahora tocaba esperar a los informes que le irían pasando. Había pensado en ir con alguno de los grupos pero lo cierto es que eso pondría su vida en peligro innecesariamente. Si estaba seguro en el cuartel, ¿para qué arriesgarse? Podía controlarlo todo desde ahí. Y si había algún problema… para eso estaba Vázquez.

Jornada 7. De policías y militares (71)


Otra vez Vázquez se había salido con la suya. Era increíble cómo ese maldito soldado siempre aterrizaba de pie. Pero algún día le pillaría. Y le arrestaría. Y con suerte, incluso le fusilaría. Lo que fuera para borrarle la sonrisa del rostro.

-¿Y qué pasa con los árboles? –Preguntó finalmente Ibáñez- ¿No los disolverá también?

-Según los informes después de muchas investigaciones y experimentos habían conseguido que el compuesto sólo afectara a la piel y el tejido. Por lo que los árboles no corren peligro. Quién sabe, a lo mejor acabamos de una vez con todas con la plaga de procesionaria que sufre el bosque desde hace años. Eso sí, tendremos una cantidad indecente de huesos por todo el bosque.

-Si eso funciona tengo en mente la persona ideal para recogerlos y hacer limpieza –dijo Ibáñez sonriendo y mirando fijamente a Vázquez- Vaya a buscar el informe para que pueda estudiarlo con detenimiento.

Vázquez se separó de la pared en la que estaba apoyado y sacó la mano que tenía detrás de la espalda mostrando una carpeta de cartón que acercó a su superior.

-El informe solicitado –respondió Vázquez alargando el brazo.

Ibáñez se lo quitó de un tirón y lo abrió mientras le daba la espalda. Después de unos minutos leyéndolo se lo pasó al resto de los asistentes para que también lo leyeran. El plan, tal y como Vázquez había dicho consistía simplemente en cargar en hidroaviones y en los depósitos anti-incendios que llevaban los helicópteros el líquido y luego simplemente soltarlo sobre las cabezas de los no-muertos y esperar a que la carne se disolviera.

Pero eso sólo resolvía parte del problema. Si había supervivientes en el castillo no podían arriesgarse a lanzar el líquido sobre el edificio, por lo que habría que acabar con los zombis que hubiera en el castillo de la manera tradicional, volándoles la cabeza. Pero tal vez eso también pudiera ser realizado sin muchos problemas. Con francotiradores en edificios con vistas al castillo y sus alrededores y las ametralladoras de los humvees se podría acabar con el resto. Y en primera fila estaría Vázquez pasándole los informes de lo que estuviera ocurriendo.

Jornada 7. De policías y militares (70)


El teniente Ibáñez se quedó mirando al resto de los asistentes preguntando con la mirada a qué se refería el endemoniado soldado. No parecía que nadie tuviera una respuesta clara.

¿A qué se refiere? –Preguntó finalmente Ibáñez arrastrando sus palabras.

-Es un plan que se diseñó para acabar con los zombis en gran número en una zona abierta- Respondió Vázquez dando una calada a su cigarrillo- Se cargan aviones o helicópteros con un líquido especial que hace que los zombis se disuelvan… claro que no distingue entre vivos, muertos o no-muertos así que… no suele ser muy eficaz en ciudades como entenderá.

-¿Y cómo demonios conoce la existencia de ese plan un simple soldado como usted? –Dijo Ibáñez escandalizado de que alguien como Vázquez pudiera manejar ese tipo de información tan alegremente.

-Oh, bueno, ya sabe, ¿recuerda cuándo me pidió que ordenara esos papeles que se estaban acumulando en el almacén? –Dijo Vázquez entre calada y calada- Bueno, obviamente tenía que leer el material para saber cómo ordenarlo y catalogarlo.