Jornada 7. De policías y militares (76)


Las instrucciones indicaban que había que esperar entre dos y cuatro horas antes de entrar en la zona que había sido tratada así que para sobre seguros Vázquez decidió esperar seis horas. Tenían tiempo, así que mejor ir sobre seguros. Mientras comía escuchó disparos aislados de los soldados que había mandado a limpiar la zona. Al menos estarían entretenidos y harían una labor social. Todos los soldados volvieron sanos y salvos más alegres de cómo se habían marchado.

Al cumplirse el plazo, Vázquez entró en el vehículo y comunicó que se ponían en marcha. Era el momento para que los francotiradores comenzaran a hacer limpieza y luego les tocaría a ellos eliminar la oposición en el interior del castillo.

Por la radio el grupo que entraba por el bosque de Bellver informó que la zona estaba llena de huesos y que había algún zombi suelto, pero la mayoría estaban desmembrados y no representaban un peligro real. Vázquez pensó en dejar los huesos tirados a ver si al menos servían como abono para el bosque; el problema era que la carne muerta de zombi no era aceptada por la naturaleza en ninguna de sus formas, aunque nunca había escuchado nada sobre los huesos… Bueno, pasaría el dilema al teniente para que él decidiera y los científicos lo estudiaran. No le pagaban lo suficiente.

Los francotiradores dieron la luz verde y el convoy de Vázquez comenzó a avanzar lentamente. Cada pocos metros tenían que pararse para retirar vehículos abandonados camino del castillo. En su mayoría estaban abandonados pero alguno tenía sorpresa y los soldados se llevaron más de un susto. Nunca sabían de dónde podía salir uno de aquellos muertos vivientes. De debajo del coche, del interior, incluso uno salió de dentro del maletero, seguramente el dueño tenía apego a aquella persona o simplemente fue alguien herido, o no, que acabó muriendo en su interior de una muerte horrible… Vázquez podía imaginarse la historia, ¿qué habría sido? Esperaba que hubiera sido una muerte rápida, y no debida al hambre o la sed. Sabía de gente que por miedo se había escondido y había muerto esperando la oportunidad de poder escapar.