Jornada 7. De policías y militares (74)


Vázquez podía observar desde la distancia cómo los hidroaviones iban y venían descargando su carga con precisión sobre el centro del bosque de Bellver. Los helicópteros se encargaban de la tarea más quirúrgica de las zonas más cercanas a la civilización. Lo único que le molestaba de toda la operación era tener puesto el traje de guerra química lo que le impedía fumar, cosa que recordaba cada vez que trataba de llevarse a la boca el pitillo que tenía en la mano y con el que jugueteaba nervioso.

-No te extrañe que Ibáñez pensara en que no pudieras fumar cuando te asignó esta misión –le dijo Escobar desde el asiento del conductor del humvee en el que se encontraban.

-Ese hombre es el mal en persona –dijo Vázquez mirando con atención el cigarrillo- ¿Seguro que es necesario toda esta parafernalia?

-Por mí puedes quitártelo y salir a fumar afuera –respondió Escobar- Tú sabrás. Es tu vida.

Vázquez murmuró algo por lo bajo mientras prestaba atención a las comunicaciones. Los pilotos informaban que toda la zona designada había sido bañada con el compuesto. Y ahora tocaba esperar. El ruido de los motores se fue apagando y el soldado salió al exterior con cuidado. No había ni rastro del compuesto con el que habían bañado a los zombis. Rápidamente se quitó la parte superior del traje y encendió el cigarrillo.

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