Jornada 7. De policías y militares (69)


Ibáñez captó un movimiento con el rabillo de su ojo. Se giró para ver qué le había llamado la atención. Vázquez. De alguna manera había entrado y se encontraba apoyado contra la pared justo en la entrada mientras fumaba uno de sus odiosos cigarrillos. Le lanzó una mirada de rabia a la que el soldado respondió con una sonrisa y un ligero movimiento de su mano libre.

Ibáñez no pudo evitar abrir la boca. Era más fuerte que él.

-¿Desea algo soldado Vázquez? ¿Sus 30 piezas de plata? –Dijo con los dientes entrecerrados de furia Ibáñez.

-Sólo cumplía con mi deber –respondió Vázquez sonriendo, sabiendo que eso haría que Ibáñez se enfadara más- No es necesario que me premie por ello. Aunque si insiste, tengo algunas peticiones que le puedo hacer llegar.

La cara de Ibáñez se torno en asco al escuchar las palabras del soldado.

-Le puede pasar la lista a mi ayudante –dijo Ibáñez tratando de que Vázquez se fuera- ¿Desea algo más?

-Bueno… tengo la solución a sus problemas del castillo de Bellver –respondió Vázquez con esa sonrisa que tanto odiaba su superior- Pero seguro que no necesitan que un simple soldado raso les diga lo que tienen que hacer.

Ibáñez sonrió.

-No, no, por favor, ilumínenos soldado Vázquez. Díganos qué es lo que se le ha ocurrido a su mente preclara.

-El plan NaCIO –dijo Vázquez- Creo que eso solucionaría sus problemas.

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