Jornada 7. De policías y militares (68)


Ibáñez se frotaba las manos impaciente. Los tenía. Si la información que le había dado Vázquez era correcta, y no dudaba de ella a pesar de que la fuente fuera… él; el policía y el sargento rebelde estaban atrapados en el castillo de Bellver rodeados de zombis y no podían escapar a ninguna parte.

Pero los informes eran bastante negativos. Parecía que todo el bosque que rodeaba al castillo estaba plagado de muertos vivientes. Nadie en su sano juicio entraría ahí. Y el hijo de la señora Ibáñez no era un suicida ni un loco así que rápidamente había reunido a sus ayudantes para diseñar un plan mientras se ponía en contacto con el alto mando para informarles de la situación.

Por supuesto había tenido que… endulzar la verdad para obtener permiso para planear una misión de rescate. El uso de helicópteros fue descartado rápidamente, dado que esa zona estaba muy por encima del nivel del mar y los vientos que soplaban eran muy traicioneros. Tampoco podían entrar con tanques dado que los caminos eran impracticables y los árboles que había aguantarían el envite de los mismos.

Y entrar con humvees disparando a todo lo que se moviera tampoco era la solución. Enseguida se verían rodeados, desbordados e inmóviles. Debían encontrar alguna manera de reducir el número de zombis de forma drástica sin poner en peligro a sus prisioneros. Podía perder a unos cuantos soldados, eso no sería un problema para él. Pero no podía poner en peligro su vida, pero tampoco podía ordenar que fueran a por sus fugitivos sin hacer acto de presencia… además, verles las caras cuando se re-encontraran seguro que sería un poema. Creer que estaban a salvo sólo para ver su cara y que no habían conseguido escapar.

La mayoría de soluciones que daban sus subordinados no eran gran cosa. Ideas que ya había descartado él con antelación, pero debía escucharles para… darles ánimos y que estos creyeran que sus ideas eran escuchadas e importantes y sentirse importantes; al menos eso les habían dicho en la escuela de oficiales, que era algo positivo.

El problema principal con el que se encontraban era el bosque. Si al menos pudieran arrasarlo por completo se librarían de la mayoría de zombis. Pero los políticos no iban a aceptar esa perdida por las buenas, y seguro que rodarían cabezas una vez se hubiera estabilizado la situación. Y él tenía aprecio a su cabeza.

Alguien sugirió quemar el bosque usando una solución inflamable. Tuvo que intervenir recordando al que había sugerido eso que debían capturar vivos a los fugitivos. Y no podían quemar un bosque entero dado que seguramente el fuego se extendería a la ciudad.

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