Jornada 7. De policías y militares (65)


El comisario respiró aliviado. Al menos habían ganado algo de tiempo. Miró a su alrededor. No había podido hacerlo antes con toda la tensión. Pero ahora era el momento de ver dónde se habían metido y calcular cuánto tiempo podrían sobrevivir.

Según recordaba, la Torre del Homenaje medía casi 35 metros de alto y estaba dividida en cuatro pisos más la azotea. La entrada, situada en el tercer piso, daba directamente a la escalera de caracol que unía todos los pisos que debían tener unos ocho metros de diámetro. Mientras visitaba cada piso para ver el estado del mismo y de los supervivientes pudo observar que cada piso estaba decorado y amueblado, al menos parecía que habría sitio para poder dormir y descansar y no tendrían problemas de espacio.

Cada vez que pasaba por delante de un superviviente éste se le quedaba mirando esperando que el comisario le dijera que todo iba a ir bien y le asegurara que saldrían vivos. Pero lo único que podía hacer era darles una palmada en la espalda y dedicarles una débil sonrisa.

A pesar de haberse dado prisa con la evacuación había muerto gente. Policías, militares y periodistas. Y el mayor problema era que todos miraban con recelo a los soldados que se habían quedado a defender el castillo cuando comenzó a circular la información de que el comandante Bonet había huido viendo la situación.