Jornada 7. De policías y militares (56)


Los zombis invadían completamente todo el terreno que podían ver y pasaban por su lado sin hacerles caso, todos parecían tener el mismo objetivo: entrar en el castillo, y se apelotonaban para hacerlo.

Alex miró a la zona superior del castillo. Conocía la zona y recordaba que los muros de separación entre el techo y el aire apenas eran de medio metro y podía ver ya a los primeros zombis pasearse por ahí arriba. El panorama era más que preocupante, ya apenas escuchaba disparos y no veía nada que pareciera vivo por ahí arriba.

-Comisario, ¿cómo va la evacuación? –Preguntó a través de la radio.

-Nos hemos encerrado en la Torre del Homenaje y hemos fortalecido la puerta, pero no sé cuánto aguantará. Todo aquel que he podido arrastrar y sigue vivo está aquí.

Alex miró por encima. La Torre del Homenaje era un objeto cilíndrico separado físicamente del cuerpo del castillo y que en la antigüedad se solía usar como zona de calabozos por lo que sólo había una entrada/salida a la que se llegaba a través de una pasarela de piedra que conectaba ambas zonas. Y ahora era su tarea impedir que los zombis entraran en la torre donde se refugiaban los supervivientes.

-¿Preparado sargento? –Preguntó Alex metiéndose en el vehículo- Es hora para los fuegos artificiales. Y como esperemos demasiado van a darse cuenta de que estamos aquí.

El sargento sonrió mientras cogía un cilindro que Alex le había pasado. Abrió la puerta del humvee después de comprobar de que no había peligro y mientras el policía vigilaba con la ametralladora quitó varios seguros y alargó el cilindro.

-Avisa a tus amigos de que se tapen los oídos –avisó el sargento mientras encendía el aparato, uno de esos modernos lanzacohetes que, en teoría, eran tan simples de usar como apuntar y disparar.

-Comisario, aléjense de las ventanas y la puerta… por si acaso –Luego miró al sargento mientras sonreía- Siempre he querido decir esto. ¡Fuego en el agujero!

No había acabado la frase que el mortífero cohete salió del cilindro disparado. La luz de la propulsión iluminó levemente el camino nocturno y en unos segundos una explosión destrozaba el puente que unía la Torre del Homenaje con el castillo dejando a los defensores aislados de sus atacantes… pero también de la libertad. Ahora no podrían entrar los zombis, pero tampoco podrían salir los vivos… salvo que se descolgaran con sogas.

-Espero que no me pasen la factura –sonrió el sargento mientras entraba en el humvee y alejaba el vehículo rápidamente. Los zombis habían notado la actividad y comenzaban a interesarse por los recién llegados. Alex tuvo que disparar un par de ráfagas para limpiar la zona y que el sargento pudiera maniobrar.

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