Jornada 7. De policías y militares (54)


No necesitaron intercambiar palabras, cogieron lo poco que tenían en la casa y se dirigieron rápidamente hacia el humvee. Alex abrió el techo del vehículo y comenzó a instalar la ametralladora mientras el sargento se ponía en marcha y guiaba el todoterreno a través del puente y de la entrada al bosque con las luces encendidas para iluminar todo el camino.

Era un riesgo ir tan iluminado pero mayor era el riesgo de chocar contra un árbol o contra algún maldito zombi. Alex terminó de preparar la ametralladora mientras se calzaba el casco militar.

-¿Seguimos con las luces o pasamos a visión nocturna? –Preguntó el policía agachándose en el interior del vehículo para que el sargento le escuchara con claridad.

-Por ahora luces, iremos más rápidos –respondió el sargento sin apartar la vista del camino.

Alex activó la radio y trató de ponerse en contacto con el comisario, pero no recibió respuesta alguna. ¿Qué habría pasado? ¿Seguiría vivo su hermano? ¿Y el comisario? Jodida suerte mallorquina.

Llegaron al camino que llevaba a varios puntos de la montaña: Al pie del castillo, a la zona recreativa y a un torrente que también servía como pista de salida de la zona. El sargento apagó las luces y activó su visor nocturno. En unos segundos podía ver a su alrededor relativamente bien pero con un ángulo de visión bastante limitado.

-Sigue tratando de contactar con el castillo –dijo el sargento mientras continuaba mirando a su alrededor preocupado- No quiero avanzar más sin saber qué podemos encontrarnos.

Alex trató de contactar con el castillo pero lo único que recibía era estática. A lo lejos, a su derecha pudo observar luces alejándose por lo que parecía ser el torrente que había mencionado el sargento. Le tocó el hombro y las señaló.

-Parece que alguien ha optado por huir –respondió el militar- Esperemos que fueran los civiles… claro que en teoría ellos no deberían saber de la existencia de ese camino.

Los disparos se continuaban escuchando ahora más cerca. Aunque cada vez eran más espaciados.

-Tenemos que hacer algo –dijo Alex agarrando con fuerza la ametralladora con sus manos- No podemos quedarnos aquí mientras se produce una matanza en el castillo.

-No podemos entrar a ciegas –contestó el militar- imagina que de repente nos encontramos rodeados de zombis. Este vehículo no tiene la movilidad para ayudarnos a escapar en ese caso. Estaremos muertos y no serviremos de ninguna ayuda.