Jornada 7. De policías y militares (48)


-¿Mi hermano? ¿Disparado? ¿Pero por qué? –Preguntó Alex tratando de hacerse una idea de toda la información que le estaba pasando el comisario- Si sólo es un maldito científico. Vale, un científico tocacojones, pero aparte de eso…

-A lo mejor alguien temía que descubriera algo que no debía –intervino el sargento que se había limitado a escuchar hasta ese momento- No sería la primera vez que alguien mete las narices donde no debe.

-Pero, ¿cómo está? ¿Es grave? –Preguntó preocupado el policía.

-No, por suerte tu hermano tiene el corazón desplazado, en otro sitio al parecer, y la bala que iba destinada a ese órgano falló su objetivo –le tranquilizó el comisario- Ahora se está recuperando y seguramente estará en pie un par de días.

-Siempre dije que ese tío tenía la buena suerte del cruce entre la pata de un conejo y un trébol de cuatro hojas –dijo algo más tranquilo Alex.

-Con motivo de dicho ataque se decidió que no se podía dejar sin vigilar a nadie, así que cada militar tiene asignado un policía o un periodista para que no vuelvan a haber esos ‘accidentes’. Y eso ha provocado que no haya podido ponerme en contacto antes. Los militares también nos vigilan a nosotros. Y me ha costado poder librarme de mi sombra y encontrar un sitio desde el que transmitir. Y ahora dime el motivo para que el ejército tenga puesto precio a tu cabeza.

Alex le fue contando lo que pasó el día de la víspera de Reyes. La fuga de la cárcel de cientos de zombis, la masacre del centro recreativo y la entrada en el cuartel militar. Lo que más le costó fue contar la parte en la que el novato era asesinado por un soldado que sólo cumplía con su deber de proteger a su superior. Luego vino la fuga y su plan para ponerse en contacto con el comisario.

Durante unos minutos nadie dijo nada. La información que habían intercambiado era bastante y cada uno tenía que asimilarla a su manera. El sargento encendió un cigarrillo en silencio.

-Estamos bien jodidos –dijo finalmente entre bocanadas-El tal Bonet es tan cabeza cuadrada como Ibáñez, aunque más diplomático, su sonrisa es tan falsa como un billete de 50 pesetas. No desearía tenerle al lado ni en un combate de almohadas.

-Así que no podemos razonar con él –dijo Alex más preocupado por lo de su hermano que por su situación actual- ¿alguna sugerencia comisario?

-Bueno, por lo que sé tu hermano tenía previsto hacer una excursión a la base militar del Puig Major –le informó el comisario- junto a un grupo de periodistas antes de que le dispararan. Suponía que con sus contactos norteamericanos y su fama podría encontrar alguna respuesta. Por lo que sé el plan sigue adelante pero a la espera de que recobre la salud.

-Así que podríamos unirnos a la expedición –dijo pensativo Alex.