Jornada 7. De policías y militares (45)


Regresaron hasta la entrada del bosque y el sargento, tal vez para burlarse un poco más de Alex, paró el humvee en medio del pequeño puente que no parecía resentirse por el peso y el desafío. El policía no dijo nada sobre el tema.

-¿Y ahora qué? –Preguntó el policía mirando a su alrededor.

-Si por mí fuera me colaba en alguna de esas casas –dijo señalando los adosados que tenían a los lados apenas unos metros más adelante- Pero a lo mejor están habitadas y les da por recibirnos a tiros.

El policía negó con la cabeza.

-De verdad que… mira que siempre pensando en lo complicado. Acerca el humvee a la primera casa que veas sin luz –le indicó.

El sargento volvió a poner en marcha el vehículo y giró a la izquierda mirando. La mayoría de casas parecían estar a oscuras pero se veía movimiento o alguna leve iluminación que delataba que quedaba alguien dentro… o era uno de esos sistemas para despistar a los ladrones que hacía que las luces se encendieran o apagaran a determinadas horas.

La tercera casa de la derecha parecía ser prometedora, pensó el sargento mientras paraba el humvee delante de la misma.

-Parece que tenemos una ganadora –dijo señalando la casa.

Antes de salir del vehículo ambos miraron a su alrededor. Cualquier precaución era poca en aquella zona o cualquiera. El sargento siguió con la mirada al policía que se acercó a la puerta del chalet y tocó en el timbre ante el asombro del militar que no se lo podía creer.

-En serio, los militares podríais aprender a ser un poco más educados –señaló sonriendo Alex- ¿Para qué complicarte la vida entrando a hurtadillas en una casa si puedes llamar al timbre? Si hay alguien y no nos quiere dejar entrar un problema menos. Si hay zombis, el ruido del timbre les alertará y se delatarán. Y si no hay señales de vida… pues entramos.

-Esto es por lo del puente, ¿verdad? –Preguntó el sargento mientras estaba alerta al interior de la vivienda- Eres un poco rencoroso.

El policía simplemente sonrió.

-No veo movimiento dentro, ¿algo por tu lado? –Preguntó Castillo.

-Un muro muy alto y lleno de vegetación, pero aparte de eso… nada.

-Pues vamos adentro, entonces –dijo con decisión Alex- Que se nos va a hacer de noche.

A continuación el policía sacó algo de uno de sus bolsillos y se puso a trastear con la cerradura de la puerta que daba al jardín. En unos segundos la puerta estaba abierta ante el asombro del sargento que no se acababa de creer lo que había visto.

-¿Esto os lo enseñan en la academia? –Preguntó mientras entraba con Alex al jardín.

-¿Cómo te crees que entramos en una casa? –Preguntó irónicamente el policía- A la gente le encanta demandarnos si tiramos la puerta abajo para salvarles la vida.