Jornada 7. De policías y militares (24)


Los días pasaron rápidamente en la casa de Castillo mientras éste y el sargento preparaban su siguiente paso. Tenían claro que fuera cual fuera ese paso deberían ir con cuidado con las patrullas de los soldados y vigilar que no se colaran más zombis en la vivienda. Seguramente se habrían caído de alguna finca y para su suerte habían encontrado el patio del policía y con el tiempo habrían conseguido abrir la puerta que conectaba con la casa. Tampoco es que el policía cerrara con candado la misma y sólo había que empujarla con algo de acierto… lo que habían hecho con su paciencia infinita y todo el tiempo del mundo por delante.

Al menos el resto de la casa estaba vacía y no habían tenido que matar mas zombis y luego limpiar los restos.

El sargento se había sorprendido al ver la casa de Castillo. Las dos plantas, aparte de la planta baja y el sótano, daban para mucho. En la primera planta estaba el dormitorio del dueño que apenas contenía una cama y poco más, y el despacho en el que escribía sus novelas, o simplemente pasaba el rato viendo pasar a la gente desde las ventanas que daban a la calle; además de un baño completamente amueblado e inmenso con su plato de ducha y su bañera gigante por separado. El dormitorio daba a una terraza desde la que se veía el patio que debía tener unos veinte metros de largo por cuatro o cinco de ancho en su zona más lejana. En la segunda planta estaba el gimnasio que se había instalado y dos dormitorios para invitados, así como otro baño menos completo. Además de eso, tenía la terraza en la que tenía además de un cuarto trastero con un montón de cajas varias placas solares que parecían no haberse limpiado en algún tiempo. Según Castillo, le daba pereza limpiarlas dado que al fin y al cabo… ¿para qué las iba a necesitar a toda potencia si con lo que recolectaban tenía más que suficiente para ir tirando? Y cómo no, desde ahí arriba se podía ver perfectamente casi todo el parque de las estaciones que dividía Palma en dos.

Castillo no había mentido cuando había dicho que era una casa de las antiguas. Los techos estaban a tres metros por lo menos y la estructura principal de la casa la había dejado igual cuando la había remodelado. Además de todo eso tenía un pozo en el patio que daba a un acuífero que, según el policía, daba agua potable.

Junto al pozo además había una serie de árboles frutales y el militar sólo se sorprendió de no ver gallinas u otros animales o un pequeño huerto. Pero según le había comentado el dueño todo eso sería una tarea tediosa y miserable y, aunque le gustaba ensuciarse las manos con el trabajo… tampoco quería exagerar. Así que los únicos animales que había visto el sargento eran diversos gatos callejeros que parecían haber encontrado su casa en ese patio medio desatendido.

Un bonito refugio en el que esconderse hasta que todo hubiera pasado.

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