Jornada 7. De policías y militares (23)


Vázquez y Escobar se encontraban en el aparcamiento que había enfrente de la casa de Castillo. Habían aparcado ahí el humvee a la espera que vinieran a rescatarles. Le habían quitado un par de cables al vehículo para que no pudiera arrancar y luego habían llamado por radio pidiendo transporte.

Por suerte para ellos los zombis estaban al otro lado de la verja que separaba el parque del aparcamiento y no les molestaron demasiado mientras esperaban. Se habían ido acumulando poco a poco al notar a los soldados esperando. Escobar les miraba de vez en cuando nervioso y con el fusil de asalto preparado por si acaso. En cambio, Vázquez se dedicaba a burlarse de los zombis y hacerse el valiente gastándoles bromas y haciéndoles caras y gestos.

Los zombis trataban de atravesar la verja sin éxito dado que era bastante grande y fuerte, de metal y perfectamente ancladas al suelo. No se movían ni un centímetro de su sitio para desesperación de los muertos vivientes que metían los brazos entre barrote y barrote tratando de alcanzar a los soldados.

Desde la casa de Castillo, el policía y el sargento vigilaban con un par de fusiles de asalto por si fuera necesario proteger a los soldados.

Finalmente otro humvee apareció y aparcó al lado del aparcamiento sin llegar a entrar.

-Joder Vázquez, sólo te podía pasar a ti –le dijo el soldado Ramírez desde la ventana del conductor- Quedarte tirado en medio de una ciudad llena de muertos vivientes.

Vázquez se acercó sonriendo acompañado de Escobar que estaba deseando salir de ahí y poner tierra de por medio entre él y los zombis.

-Qué le vamos a hacer –dijo Vázquez encogiéndose de hombros- Algunos tienen suerte y llegan a teniente y otros pues… cogen el vehículo estropeado. Al menos ha sido en una zona tranquila.

-Venga, subid, que no quiero estar mucho tiempo parado –les dijo Ramírez mirando a su alrededor- De camino hacia aquí he visto un grupo de zombis que creo que han puesto sus ojos en mí. Y no quiero darles la alegría.

Vázquez y Escobar subieron rápidamente al todoterreno y cerraron la puerta.

-Pobrecitos, si sólo quieren darte un mordisquito –le dijo Vázquez sonriendo- Seguro que llevan un tiempo sin comer, eres un egoísta.

-Si quieres quedarte, tú mismo –le respondió Ramírez mientras comenzaba a avanzar por la calle- Yo volveré al cuartel que no me apetece ser un primer plato.

-Más bien serías un aperitivo –señaló riendo Vázquez- Que tampoco darías para mucho.

Castillo y el sargento siguieron al vehículo desde las ventanas de la casa del primero hasta que desapareció de su vista.

-Bueno, buenas noticias –dijo Castillo respirando más tranquilo- Nos hemos deshecho de Vázquez. Malas noticias, estamos en una isla llena de zombis y no hay a dónde huir.

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