Jornada 7. De policías y militares (15)


Vázquez no sabía qué hacer.

El sargento movía el brazo de un lado para otro tratando de que el zombi que se había colgado del mismo se soltara. Pero éste no parecía interesado en soltar a su presa mientras seguía mordiendo la protección del codo.

Finalmente el sargento movió violentamente el brazo y lo golpeó contra la pared por el lado en el que estaba colgado su atacante. El golpe pareció hacer su efecto y el jovencísimo no-muerto se soltó cayendo al suelo de cara. El soldado no dudó un instante y levantó la pierna para, a continuación, golpear la cabeza del zombi con su bota.

El ruido del astillamiento de la cabeza llenó de repente la cocina y todos se quedaron mirando el cadáver mientras el sargento estudiaba la escena con repulsión.

-¿Tu familia? –Preguntó a Castillo que se le acercaba desde el otro lado de la habitación.

-No les conocía de nada –dijo Castillo que agradecía no haber comido en las últimas horas- Han debido de entrar por el patio. Se habrán deslizado desde alguno de los edificios de alrededor.

-¿Qué hacemos con ellos mi sargento? –Preguntó Vázquez, que parecía buscar algún punto de la cocina libre de señales de violencia en el que posar su mirada.

-Tirarlos a la calle o deshacernos de ellos de alguna forma –dijo sin dudarlo un instante- No podemos mantenerlos aquí y el olor podría atraer a otros zombis. Habrá que trasladarlos al parking que había al otro lado. Pide ayuda a Escobar y hacedlo entre los dos mientras Castillo y yo revisamos el resto de la casa.

-Pero mi sargento… -comenzó a quejarse el soldado.

-Así podrás aprovechar para fumarte un cigarrillo y calmarte –le interrumpió el sargento con un cierto tono de venganza en su voz.

Vázquez bajó la cabeza abatido mientras iba a buscar a Escobar para contarle sus nuevas funciones. Con suerte podría convencerle de que hiciera él solo todo el trabajo.

El sargento vio salir de la cocina a Vázquez y se giró para hablar con el policía.

-¿Dónde tienes el baño? –Le preguntó con cierta impaciencia.

Castillo miró las botas del sargento que estaban manchadas de sangre.

-Hay una manga de riego al lado de la puerta del patio –dijo el policía señalando las botas del militar- El baño está al fondo a la derecha. Enfrente de la escalera.

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