Jornada 07. De policías y militares (3)


Vázquez y Escobar se miraron alarmados. El teniente Ibáñez se había vuelto loco. Y no parecía que nadie fuera a pararle. Los dos soldados se acercaron al grupo.

-Disculpe teniente –dijo Vázquez con una gran sonrisa conciliadora- ¿He escuchado bien? ¿Quiere fusilar al sargento? ¿No es un poco drástico?

-Vázquez –dijo Ibáñez sin ocultar su malestar al verle- ¿Está poniendo en duda las órdenes de un superior? Porque seguro que encuentro alguna bala más para usted.

-En absoluto –respondió Vázquez borrando la sonrisa de su rostro- Sólo creo que mi deber como soldado es asegurarme de que las órdenes son legítimas. No queremos matar a la gente así como así, ¿verdad?

-Estamos en estado de guerra –respondió Ibáñez algo impaciente- Y tengo la autoridad para tomar ese tipo de decisiones. Si un soldado en tiempos de guerra se niega a obedecer una orden de su superior le puedo fusilar o meter una bala yo mismo. No es un buen ejemplo para la tropa.

-¿Y los zombis? –Preguntó Escobar interviniendo antes de darse cuenta de su error.

-Podemos acabar con ellos cuando queramos –respondió Ibáñez en tono altivo- Pero mientras el mando diga que no intervenimos, les dejaremos en paz. Y el que se ponga a disparar a los zombis será arrestado y fusilado.

-Sí señor –respondió Vázquez dando una palmada- Ése es el espíritu. Y ahora, vamos a prepararnos para la patrulla teniente, si nos disculpa.

Y sin darle tiempo a decir nada agarró del brazo a Escobar y salieron casi corriendo en dirección contraria. Cuando estuvieron a una distancia suficiente segura Vázquez comenzó a hablar con Escobar.

-Tenemos que hacer algo –le dijo en voz baja- No podemos dejar que maten al sargento.

-¿Y qué propones? –Le preguntó Escobar mirando a todos lados esperando que nadie le escuchara- ¿Que escribamos al mando quejándonos? Acabaremos delante del mismo pelotón de fusilamiento. Creo que a Ibáñez le ha afectado el golpe que le dio el policía. Se ha vuelto más loco de lo que ya estaba.

-Algo se me ocurrirá –dijo pensativo Vázquez mirando a su alrededor buscando la inspiración- Mientras tanto tendríamos que avisar al sargento para ver si se le ocurre algo. Pero antes, tendremos que comer algo, noto mi estómago vacío, y eso nunca es bueno.

Ambos caminaron hacia el comedor para comer algo. Vázquez siempre tenía la opinión de que se pensaba mejor con el estómago lleno. Además, que en el ejército no se comía mal precisamente así que le gustaba aprovechar cualquier ocasión que tenía para comer.

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