Jornada 06. En la boca del lobo (16)


-¿Tú?, ¿parar mi próximo experimento? –dijo entre risotadas violentas Doc- Eres más estúpida que…

No pudo continuar. Las risas se lo impedían. En menos de un minuto las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de Doc que seguía retorciéndose de la risa.

Mara no sabía cómo reaccionar. Esperaba muchos comportamientos de Doc pero no que estuviera a punto de morirse de un ataque de risa. Esperó varios minutos para ver si se calmaba y le explicaba el chiste. Al menos él moriría contento.

Doc pareció calmarse poco a poco pero al levantar la cabeza y ver el rostro de Mara le volvió a entrar el ataque de risa. Ésta comenzó a golpear nerviosamente su pie contra el suelo esperando a que le explicara qué tenía de gracia la amenaza que había lanzado.

-Aish, no me había reído tanto desde… No lo recuerdo, tal vez en mi vida –señaló Doc secándose las lágrimas de los ojos- Voy a coger una cosa de mi mesa, pero no es un arma.

A continuación y con gran lentitud y gestos ostensibles para indicar que no hacía nada peligroso ni secreto cogió un objeto de la mesa. Parecía un mando a distancia. Mara se alarmó pensando que podía ser algún tipo de comunicador pero Doc señaló a una serie de nueve pantallas que había detrás de ella que formaban un cuadrado de tres por tres. Las pantallas se encendieron.

-Llegas tarde –dijo Doc que había endurecido su rostro mostrando una gran satisfacción en el mismo.

Al principio Mara no reconoció lo que estaba viendo en las pantallas. Parecían ser imágenes de calles de una o varias ciudades. Había mucha gente en las calles… y también muchos zombis. Se giró buscando una respuesta en Doc que seguía con el rostro impasible y sin decir nada. Se centró de nuevo en las imágenes de las pantallas. La gente corría desesperada tratando de huir de los zombis, pero había algo diferente en los mismos. Sí, la mayoría continuaban siendo lentos, pero la acumulación de gente hacía que pudieran tomárselo con calma. La gente se aplastaba tratando de huir y facilitando el trabajo de sus cazadores, con gente que acababa de morir volviendo a la vida a los pocos minutos.

Mara miró con horror las pantallas, en todas se vivían escenas parecidas. Parecía una retorcida película de zombis, pero… había algo familiar en los monitores, las calles… las había visto antes, y entonces recordó dónde. Era la ciudad en la que había estado durante semanas tratando de encontrar a Doc y descubrir a qué se dedicaba. La isla que estaba a unos cientos de metros de su posición actual. Era Palma de Mallorca, y estaba sufriendo una invasión de zombis como nunca había conocido la humanidad desde la plaga. Y todo parecía ser parte del plan de Doc que continuaba sonriendo triunfalmente sentado en su silla.

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