Jornada 06. En la boca del lobo (6)


Mientras recuperaba el aliento y pensaba en su siguiente movimiento no pudo evitar seguir pensando en el tiempo que había perdido para buscar ¿justica? ¿venganza? en un mundo que la despreciaba y odiaba cortesía de Doc y sus amigos.

Debía conseguir un uniforme rápidamente o acabaría cruzándose con alguna patrulla y no sabría explicar el motivo por el que llevaba un traje submarino.

Trató de orientarse y descubrir dónde estaba exactamente. Recordaba que una de las tintorerías del portaaviones estaba cerca. Pero no sabía si tendría la suficiente suerte como para llegar hasta la misma y encontrar un traje de su talla… sin olvidar el pequeño detalle de que estuviera vacía claro. Aunque esperaba que lo estuviera. Era de noche, y víspera de festivo, así que esperaba que las cosas se hubieran relajado a bordo.

Después de unos largos minutos de caminar por los estrechos pasillos de metal sin encontrarse con nadie ni escuchar ruido de ser vivo o muerto alguno llegó a su destino. La tintorería estaba oscura y cerrada. Sacó unas ganzúas y se puso a trabajar con la cerradura. Unos segundos después conseguía girar el pomo de la puerta para, después de entrar, cerrarla a sus espaldas. Dejó pasar los minutos hasta que su vista se acostumbró a la oscuridad y pudo comenzar a caminar por el recinto. La parte interior más inmediata estaba formada por una pequeña zona de recepción y una barra. Detrás, una puerta llevaba al almacén trasero en el que se guardaban los trajes limpios. Comenzó a bajarlos de sus perchas y comprobar las tallas, era complicado en la oscuridad pero poco a poco conseguía ver más detalles.

Después de pasar más de una docena de trajes y descartarlos todos separó un par que prometían. Buscó durante unos minutos más, para ver si tenía más opciones. La mayoría eran trajes de campaña de los que llevaban a diario. Comenzó a probarse los que había escogido y al final tuvo que escoger piezas de diversos trajes. Unos pantalones por un lado, una camisa por otro… el problema serían las botas. Era lo único que no encontraría ahí, por eso había escogido unos pantalones que le estaban anchos al final de los mismos de manera que le taparan lo más posible los pies. Confiaba en que nadie bajara la mirada para comprobar si llevaba las botas.

Se levantó y paseó un rato por el pequeño recinto acomodándose a la nueva ropa. No se había quitado el traje de buzo completamente, nunca sabías cuándo podías necesitarlo y no era cuestión de tirarse al agua sin el mismo. Afortunadamente el traje no hacía ruidos raros al rozarse con la ropa militar y ésta era lo suficientemente amplia como para taparlo sin problemas.

La segunda fase se había cumplido. Ahora sólo quedaba averiguar dónde estaba Doc y encargarse de esa sabandija.

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