Jornada 06. En la boca del lobo (5)


Subió un momento a la superficie para comprobar visualmente dónde estaba. A lo lejos podía ver el portaaviones iluminado por sus luces de posición. Comprobó la brújula de su reloj submarino y tomó nota de la orientación del mismo. Miró a las estrellas. El cielo estaba cubierto, pero podía distinguir algunas de ellas. Debería hacerlo a la antigua usanza, a ojo. Volvió a sumergirse y sacó un mapa de la zona marina que estaba protegido por un plástico. Con anterioridad había apuntado la posición del portaaviones en el mismo, y dado que no preveía que éste se moviera seguramente seguiría ahí por muchas horas. Tendría que hacer los cambios de rumbo manualmente. Tardaría más, pero con la brújula y el mapa no sería un problema. Miró el reloj y apuntó mentalmente la hora que señalaba, en siete minutos cambiaría de rumbo.

Durante las siguientes horas Mara se fue guiando por su brújula y por el mapa. Lo único que le sacaba de la monotonía era algún grupo de peces noctámbulos que se iban marcando de vez en cuando en la máscara. Pero aparte de eso su viaje no se encontró con grandes problemas. A medida que se acercaba al portaaviones fue encontrando más contramedidas. Incluidas algunas redes situadas a distintas profundidades, por suerte el trasto diseñado por Gerald funcionaba bien y le ayudó a saltarse dichas protecciones. Las cosas parecían ir bien. Pero no podía dejar de pensar en lo que podía estar pasando en la isla. Tal vez si acababa con Doc lo que fuera que estuviera ocurriendo, si estaba ocurriendo, cesaría.

Y seguramente los niños buenos iban al cielo. A medida que tenía el casco más cerca se iba poniendo más nerviosa. Esperando que pasara algo que arruinara su misión. Pero cuando llegó al casco no había pasado nada. No había encontrado submarinistas armados que la detuvieran. Ni focos buscándola, ni balas… nada. Por ahora todo iba bien.

Metió la mayor parte del equipo en una bolsa submarina y la dejó caer al fondo. Durante unos segundos vio cómo la luz parpadeante que marcaba la posición de la bolsa iba descendiendo hasta desaparecer completamente. Tomó nota visualmente de a qué altura se encontraba del barco para poder recuperarla con posterioridad… o no. A partir de ahora la mayor parte del plan no estaba diseñado. Debía infiltrarse en un barco militar lleno de gente armada y poco amiga de compartir el espacio con extraños. Pero esperaba encontrar un uniforme o algo que le ayudara a pasar desapercibida.

Comenzó a subir por el casco del portaaviones mientras su cuerpo comenzaba a quejarse amargamente del ejercicio. Ya no tenía edad para eso. Se debía de haber pasado media vida buscando a Doc para ajustar cuentas. O tal vez más. Había perdido la cuenta. Pero definitivamente, ése no era modo de pasar una vida. Miró a su alrededor y cuando no vio a nadie subió hasta una de las cubiertas que había por debajo de la pista de despegue.

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