Jornada 06. En la boca del lobo (2)


Respiró hondo de nuevo y se preparó mentalmente para lo que le esperaba. Oscuridad, eso era lo que le esperaba. El mar no tenía precisamente ningñun tipo de iluminación artificial, y ella no se podía permitir el lujo de llevar una lámpara. Sería lo mismo que llamar a Doc y avisarle de que iba a hacerle una visita. Tendría que guiarse con el GPS y rezar. No era precisamente una devota, y los años pasados al lado de Xavier no le habían pegado su fe. Pero qué demonios, tampoco podía hacerle mucho daño rezar y pedir un poco de ayuda a un supuesto ser superior. Si funcionaba, bien, y si no, pues en otra ocasión. Había escogido un punto de la costa solitario, pero desde el que podía ver su objetivo. No había apreciado mucha actividad durante el día y esperaba que por la noche ésta disminuyera más todavía. Y contaba con una ventaja más: el portaaviones no había venido con su dotación completa de tripulación. Al parecer habían perdido a muchos integrantes en unos incidentes antes de anclar en Mallorca… lo que parecía sospechoso la verdad.

Lo normal en casos como ese era volver a su base y re-abastecerse, conseguir una nueva tripulación, dar descanso a los supervivientes, tratarlos… pero sin embargo, ahí estaba, funcionando casi con una tripulación esqueleto. Con el mínimo imprescindible. Claro que tampoco era cuestión de darle demasiadas vueltas. A lo mejor era una señal de que todo iba a salir bien.

Se calzó las aletas, se puso los guantes y guardó el cuchillo en una funda de su muslo. Era una obra artesanal sin un gramo de metal en el mismo. Un obsequio de Gerald, una especie de regalo de… ¿despedida? No, mejor quitarse esos pensamientos tan negativos que no conducirían a nada. Comprobó el GPS, y la ruta que había introducido. Todo parecía correcto. Se puso en pie y comenzó a caminar por la solitaria cala en que se encontraba. En unos instantes se introdujo en el agua. Seguramente debía de estar helada, y más en aquella época del año. Afortunadamente para ella no lo notaría gracias a su traje de neopreno. Respiró el frío aire por última vez y comenzó a sumergirse.

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