Jornada 05. Cabalgata de muertos II (19)


La gente corría por la Vía Roma hacia todos lados tratando de esquivar el ataque de los zombis. Pero la confianza en que eran lentos se convertía en mortal fallo cuando se encontraban con alguno de los nuevos zombis, más rápidos y ágiles y que sorprendían a la gente.

Las calles adyacentes se llenaron de gente corriendo tratando de escapar de una muerte casi segura de manera que la vía principal se quedó casi completamente llena de zombis que se iban expandiendo a las calles llenas de aterradas familias que se veían atrapadas por antiguas callejuelas que no llevaban a ninguna parte y que en su mayoría estaban repletas de edificios abandonados y cerrados en los que no se podía encontrar cobijo alguno.

Gerald miraba la calle y se le revolvía el estómago. ¿Cuántos niños habrían muerto en aquel lugar? ¿Cuántas familias destrozadas? Nunca había creído en Dios por motivos como ése. ¿Cómo podía nadie dejar que algo así pasara? Era cruel. Trató de centrarse en sus sobrinos. Todavía debían salir de ahí vivos. Miró a Jordi y asintió. El grupo continuó subiendo las escaleras mientras esquivaban vivos y no-muertos por igual así como los cadáveres que se iban acumulando en los escalones.

Tras unos largos minutos llegaron al tramo final de las escaleras y a la plaza que había tras ellas. La plaza Mayor era un espacio rectangular rodeado de edificios que se sostenían sobre una estructura en forma de arco además de sus pilares correspondientes. Ahora el espacio estaba ocupado por zombis y cadáveres esperando a que su nueva vida les ayudara a levantarse. Todavía no había demasiados pero Gerald optó por coger el camino largo, ir por debajo de los edificios en vez de entrar directamente en el espacio abierto al cielo que había. Algún zombi trató de interponerse en su camino sin éxito ante los certeros disparos del grupo.

Durante los siguientes minutos el grupo avanzó más rápidamente de lo que esperaban por los laterales. Gerald pudo ver como diversos grupos de personas que habían optado por el camino recto para atravesar la plaza eran cazados por los zombis y exterminados sin compasión ni pasión alguna.

Con un respiro salieron de la plaza rumbo a la calle que les llevaría a la plaza del ayuntamiento. Con suerte ese espacio estaría más protegido y desde ahí les sería más sencillo acceder a ayuda y a una ruta hacia el hotel más segura. El grupo comenzó a correr aprovechando que no había zombis a la vista calle abajo.

Y ante la sorpresa de Gerald de repente uno de los guardaespaldas se cayó de espaldas como si le hubieran golpeado. Todos se quedaron alerta intentando averiguar qué había pasado pero no había nada a la vista que pudiera explicar el golpe. Gerald avanzó lentamente mirando el suelo buscando algo cuando notó un golpe en la cabeza. Afortunadamente para él estaba caminando muy lentamente por lo que fue más el susto que el golpe lo que le sorprendió.

Tocó con las manos el espacio que parecía vacío y notó una especie de muro frío. La calle estaba cerrada por un muro y no se podía atravesar.

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