Jornada 05. Cabalgata de muertos II (13)


Afortunadamente la gente se agolpaba hacia delante para ver la Cabalgata, por lo que irse hacia la parte de atrás no resultaba problemático… salvo por la gente que se quejaba porque no les dejaban ver. Sus sitios se llenaron rápidamente y cuando llegaron a las fachadas de los edificios respiraron un poco aliviados. Comenzaron a moverse entre la gente que iba y venía por detrás de los que querían ver lo que había montado ese año el Ayuntamiento; no había mucho espacio para caminar y eso hacía que avanzaran lentamente. Gerald miraba la pantalla nervioso, los zombis habían comenzado a bajar por la calle Olmos, una cuesta hacia abajo que comunicaba con la calle en la que estaban. Se estaban quedando sin tiempo.

Se abrieron paso entre la gente y sus quejas hasta llegar enfrente de las escaleras que les llevarían a la Plaza Mayor. Dichas escaleras se dividían en tres tramos de subida de unos dos o tres metros cada una que ascendían lateralmente. Y luego otro tramo extra que estaba en el centro de la construcción para subir otros cuatro metros de altura. Ahora sólo había un problema, estaban al otro lado de la calle. En el incorrecto. Debían atravesar la Cabalgata. Si salían vivos de intentar colarse entre la gente para llegar a la primera fila de personas.

Gerald pudo observar desde atrás como los policías parecían estar cada vez más nerviosos y se señalaban al oído y negaban con la cabeza, seguramente su sistema de comunicación también había fallado. Lo sentía por ellos, pero sus sobrinos tenían prioridad. Buscó con la vista a Jordi que también parecía preocupado. Asintió señalando hacia delante. Debían atravesar esa muchedumbre como fuera.

Se juntaron los cuatro miembros del grupo de escolta rodeando a sus clientes y comenzaron a avanzar con paso firme ignorando las quejas de la gente que veía como eran apartados sin explicación alguna; y cuando la buscaban se encontraban con un armario que le doblaba en tamaño, iba armado y tenía una mirada que avisaba que mejor era estar callado. Así que la gente simplemente se quejó en silencio o a sus vecinos pero no directamente. En unos minutos estaban en la primera fila.

Gerald miró a su alrededor. Comenzó a ver gente por detrás pasando corriendo y señalando al final de la calle. Se les acababa el tiempo. Se dispuso a pasar al otro lado cuando apareció un policía que le indicó con la mano que no continuara.

-A ver, ¿es que no comprende para que están las vallas? –Preguntó el policía que no parecía estar muy contento . Porque vamos, digo yo que parece muy sencillo adivinar su función. Están para que la gente no pase e interrumpa la Cabalgata.

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