Jornada 05. Cabalgata de muertos II (5)


Muchas emociones recorrieron en segundos la mente de Gerald al ver las imágenes: miedo, pesar, incertidumbre, indignación, rabia… El ejército estaba abandonando la zona, se retiraba y parecía dejar a merced de los zombis la ciudad, ¿porqué? ¿En qué demonios estaban pensando? El ruido de los helicópteros hizo que alzara la cabeza, volvían a pasar por encima de la multitud. La gente volvió a aplaudir al verlos volar. Qué poco se imaginaban lo que estaba pasando. Daba igual. Gerald tenía claro lo que tenía que hacer. Miró a su alrededor. Nadie parecía haber notado nada y seguían viviendo alegremente la cabalgata. Debía poner a salvo a sus sobrinos.

Se acercó al jefe del grupo de seguridad que les acompañaba.

-¿Has podido contactar con el hotel? –Preguntó apostando a que la respuesta sería negativa.

Efectivamente, el guardaespaldas negó con la cabeza.

-Estática –respondió Jordi . Consigo escucharles de forma errática pero es imposible hablar directamente con ellos.

Gerald asintió y cogió la radio de Jordi que se le quedó mirando mientras pulsaba una combinación en el teclado numérico de la misma.

-¿Sabes del proyecto Galileo? –Preguntó Gerald.

-¿La respuesta europea al GPS, nuestro propio sistema de posicionamiento? –preguntó Jordi recogiendo la radio que le volvió a entregar Gerald.

-Una de las subsidiarias de GGG Enterprises, o Triple G, o G al cubo… nunca he tenido claro cómo llamarla abreviada –dijo Gerald con la mente en varios sitios a la vez-. Bueno, el caso es que una de las subsidiarias controladas por mí interviene en la creación de los satélites y me aseguré un canal… un seguro por si ocurría algo así.

Jordi se quedó mirando sorprendido a Gerald que cogió el comunicador de la radio.

-Soy el señor Gerald hablando con la banda de emergencia, indiquen al resto de equipos que introduzcan el siguiente código en sus radios asterisco, seis, seis, seis, almohadila o rejilla o como lo llames –continuo Gerald-. De esa manera establecererán una comunicación segura con la central, sin interferencias y encriptada. Indiquen a sus equipos que vuelvan al hotel y que tenemos un código negro entre manos.

Las últimas palabras de Gerald parecieron golpear a Jordi en el estómago a juzgar por la cara que puso al escucharlas. No tardó demasiado en reaccionar. Indicó al resto del grupo de seguridad que introdujeran el código de seguridad que Gerald había indicado para poder seguir comunicados y se prepararan para abandonar el sitio rápidamente.

Gerald señaló la pantalla de su ordenador y se la mostró a Jordi. Una horda de zombis estaba tomando en ese momento el cruce entre la calle 31 de diciembre, las avenidas y el comienzo de la calle San Miguel. Desde ahí podían llegar a cualquier parte y rodear todo el casco antiguo. Sería una masacre en toda regla. Y ellos estaban a apenas un kilómetro de los zombis.

1 comentario

  1. empieza lo bueno


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