Jornada 04. Cabalgata de muertos (22)


El capitán Ibáñez estaba indignado. ¿Cómo se atrevía un civil? ¿Un policía local además? ¿Con quién creía que estaba jugando? La mirada que le lanzó al policía podría matar… si tuviera superpoderes.

Nadie alrededor reaccionó debido sobre todo a lo extravagante de la imagen. Un policía local apuntando con su escopeta a la cabeza de un capitán del ejército español. Y de fondo la amenaza de los zombis esperando poder hincar el diente a lo que se pusiera por delante.

El primero en reaccionar fue Castillo que no se creía lo que estaba viendo.

-Novato, ¿qué cojones haces? –Le dijo mientras trataba de mantener un tono calmado en su voz . ¿Se puede saber en qué estás pensando?

-No podemos permitir que cumplan esa orden –dijo el novato armando la escopeta y poniendo un cartucho en la recámara . Le obligaré a que defienda la ciudad de los zombis.

-No sé quién es usted –dijo el capitán Ibáñez con tono irritado en su voz-, pero está cometiendo un grave error. Quite esa escopeta de mi cabeza o es hombre muerto.

-Ni en sueños –respondió el novato acercando más aún el cañón de la escopeta al militar . Ordene que salgan los soldados y se preparen para enfrentarse a los zombis.

-¿De verdad te crees estúpido cabrón que pienso ceder a tus tonterías? –Le respondió el capitán que cada vez parecía más irritado-. ¿A un policía local? No tienes ni puta idea de dónde te estás metiendo. Aparta esa escopeta y a lo mejor olvido el incidente.

-Ordene a los soldados que se preparen para el combate –insistió el policía local.

-No pienso dar esa orden –respondió el capitán sin inmutarse ni mostrar señal alguna de miedo-. El Estado Mayor ha dado sus órdenes y serán obedecidas. No nos enfrentaremos contra esos civiles y provocaremos una masacre sólo porque un policía local de mierda se ha acojonado.

-No están vivos –gritó el novato-. Son muertos vivientes que han masacrado todo lo que se han encontrado a su paso.

-Mira chaval, no tengo tiempo ni ganas de jugar contigo. Quita esa escopeta de mi vista antes de que cuente hasta cinco o eres hombre muerto –amenazó el capitán con un tono frío y demoledor en su voz.

-Novato baja la escopeta –le rogó Castillo-. No vale la pena. Olvídalo. Ya veremos qué hacemos. Pero baja la jodida escopeta primero.

-Uno –comenzó a contar el capitán sin inmutarse por lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

-Novato, coño, escúchame –le insistió de nuevo Castillo-. Que este gilipollas no se anda con tonterías y te hará matar.

-Dos –continuó el capitán fríamente.

-Novato, no vale la pena –continuó rogando Castillo-. Los soldados no saben lo que está pasando. Sólo ven a un loco amenazando a su oficial superior. Te van a acribillar.

-Tres –dijo el capitán.

-Que no, coño, no me hice policía para que gilipollas como éste abusaran de su posición y pusieran en peligro a la gente –respondió el novato.

-Cuatro- siguió contando el capitán.

-Novato, deja la puta escopeta –imploró Castillo-. Ya buscaremos una solución, pero para eso has de seguir vivo. No dudarán en dispararte.

-Cinco –acabó de contar el capitán.

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