Jornada 04. Cabalgata de muertos (16)


Varios sargentos más llegaron a la puerta desde la que su compañero estaba observando a los zombis. Éstos no parecían tener prisa por continuar la marcha. Más parecía que avanzaban porque les empujaban desde atrás. Mejor para ellos. Tendrían más tiempo.

El sargento miraba de un lado para otro de la calle y estudiaba el que iba a ser su terreno de combate. Se giró para saludar a sus compañeros de rango.

-¿Es cierto que tenemos una plaga entre manos? –Preguntó uno.

El sargento Pérez, que seguía mordiendo el puro asintió mientras señalaba al final de la calle. El resto de sargentos alzaron sus prismáticos para ver mejor.

-Ostias –dijo uno.

-La madre del cordero –dijo otro.

-Que Dios nos coja confesados –añadió un tercero.

-Pues eso –dijo el sargento Pérez –que son muchos, y nosotros no.

-¿Y dónde demonios están nuestros oficiales? –Preguntó uno de los sargentos mirando a su alrededor.

-Limpiándose el culo –respondió Pérez-. Y mejor así, que todos sabemos que los oficiales de guardia que tocaban hoy podrían matarnos con sus fabulosas ideas salidas de la Academia de Oficiales.

El resto de sargentos asintieron. Lo cierto es que había buenos oficiales asignados al cuartel. Eran listos, y respetaban la opinión de sus sargentos, y, lo más importante, no tenían ganas de jugar con la vida de sus subordinados. Pero no todos eran así, los había que tenían ideas geniales que querían llevar a la práctica aunque eso les costara la vida a sus subordinados.

-Creo que será mejor que los BMR sólo se alineen en la parte derecha de la calzada –dijo señalando la fachada del cuartel-. Así los soldados no tendrán que preocuparse del fuego cruzado con los BMR que estén enfrente.

Los sargentos asintieron.

-¿Y los americanos? –Preguntó uno de los sargentos que seguía estudiando al enemigo-. Tengo entendido que hay un portaaviones en el puerto. Podríamos pedir apoyo aéreo.

Pérez sonrió mientras se sacaba el puro de la boca y escupía en el suelo.

-Vale, sí, ahora imagínate los Cobra volando por esta zona –dijo señalando a su alrededor-. ¿Qué tenemos?

El otro sargento miró a su alrededor.

-Edificios con civiles, un colegio, aunque vacío… y el centro de salud –dijo de repente cayendo en la cuenta-. Tendríamos que tratar de llegar hasta ahí, ¿no?

El sargento Pérez negó con la cabeza.

-El policía que nos ha dado el aviso me ha comentado que primero les avisó –dijo preocupado-. Si cumple con las medidas de los edificios públicos sus puertas y ventanas inferiores estarán blindadas y si siguen el consejo del policía no tendrán problemas. Con suerte acabaremos con los zombis antes de que tengan la oportunidad de fijarse qué tienen a su alrededor.

El otro sargento asintió con cara preocupada.

-Respecto a los americanos –continuó hablando Pérez-… Bueno, ya sabemos lo bien que se lo pasan apretando el gatillo contra todo lo que se mueva. Así que imagina los Cobra entrando en acción… no dejan un edificio entero.

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