Jornada 04. Cabalgata de muertos (15)


El sargento por su parte había sacado medio puro de uno de sus bolsillos y se había puesto a morderlo nervioso sin llegar a encenderlo. El patio se iba llenando de soldado que iban de un lado para otro corriendo. Todos con su misión para un caso como ese… o algo parecido. Durante unos segundos, miles de pensamientos se sucedieron con trepidante velocidad por la cabeza del sargento; ¿sería aquello acaso una marcha zombie no autorizada llevada a cabo por alguno de los pirados que habitaban aquella puñetera isla? Recordaba a un tal Sito ‘El Naranjito’ (¿Sito, por Dios, qué nombre era ése?), un loco que mantenía una web de zombies que únicamente hablaba esas garrapatas sanginolientas; Vicente García, un editor local que había llevado a cabo prácticamente una enciclopedia sobre los zombies publicando toda clase de libros sobre esos jodidos bichos y que parecía enamorado de éstos; JD un escritor pirado que veía conspiraciones por todos lados en sus textos que propagaba por la web; y el peor de todos, Adrián García, el subversivo director de la Mallorca Zombie Walk y que cada dos por tres montaba un lío de tres pares de narices al convencer a cientos de chalados como él para vestirse como zombies y recorrer las calles de la ciudad, causando el pavor entre los ciudadanos, ya de por sí sensibles a este tipo de temáticas. Menuda fauna, sólo les faltaba montar una secta y suicidarse colectivamente para luego resucitar juntitos.
Claro que él nunca reconocería saber todo eso, que luego había que responder de dónde había salido esa información.

Varios cabos se acercaron al sargento para coordinar los grupos.

-Quiero los BMR preparados para su despliegue a lo largo de la calle –comenzó a decir el sargento- recuerden, en paralelo con la calzada, nada de formar una barrera para que los zombis no puedan pasar que ya sabemos qué pasa en esos casos.

Todos asintieron.

-Ametralladoras en los balcones y ventanas del edificio de intendencia –dijo señalando al edificio que había justo al lado de la entrada principal-. Y munición anti-zombi, estando tan cerca y siendo tan numerosos no podemos usar munición normal. Hay que despedazarlos deprisa y con diligencia.

Los presentes volvieron a asentir. La munición anti-zombi era un eufemismo para indicar munición de cabeza explosiva. Esa munición no se solía usar habitualmente por el daño que causaba a los cuerpos. Era una auténtica carnicería ver un cuerpo después de recibir un impacto de una de esas balas. Y una pesadilla tener que limpiar los restos humanos posteriormente que quedaban esparcidos en un radio muy amplio.

-Y asegúrense de que los centinelas en las torres tengan cajas de munición extra –dijo el sargento- que ya sabemos cómo desaparece la munición en estos casos.

El ruido de la base comenzaba a ser impresionante. Los motores de los vehículos blindados comenzaban a ponerse en marcha y los de los tanques comenzaban a prepararse para arrancar.

-Que los tanques estén preparados pero en reserva. No hay distancia de tiro y sí edificios llenos de civiles inocentes. No queremos otro caso Couso –Dijo el sargento recordando un deplorable incidente en el que los americanos, en otro ejemplo habitual de gatillo rápido que les había hecho famosos, se habían dedicado a disparar alegremente, o más bien acribillar, civiles que estaban en los edificios colindantes a una zona infestada con la excusa de que parecían zombis y temían por su vida. Al final resultaron ser periodistas que estaban informando del suceso. Como siempre, el ejército americano negó cualquier fallo y deploró el incidente tratando de enterrarlo sin más y culpando a los medios de comunicación.

-Comunicaciones -dijo el sargento activando su radio-, pidan apoyo aéreo a Son Sant Joan. Quiero helicópteros sobre nuestras cabezas lo más pronto posible. Quiero saber hasta dónde se extiende la contaminación.
>>Y pidan refuerzos a la base de El Baluart –siguió diciendo el sargento por la radio-. Que se pongan en marcha sus unidades blindadas y vengan hacia aquí cagando leches. Y que alguien quite las trompetas de una vez. Creo que ya toda la isla sabe que estamos en zafarrancho de combate.

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2 comentarios

  1. Sip, ese JD se ve que esta bien loco…..

  2. “JD un escritor pirado que veía conspiraciones” … muy buen guiño 🙂


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