Jornada 04. Cabalgata de muertos (08)


Mientras el coche patrulla iba cogiendo velocidad, los peores temores de Castillo se iban cumpliendo. Los zombis estaban invadiendo la rotonda que unía la ciudad con la part forana, como llamaban los isleños a las afueras de la ciudad, y amenazaban con dirigirse hacia el centro comercial que había al otro lado de la carretera. Eso sería un desastre. Si en el centro de ocio Ocimax había gente, el centro comercial debía de estar repleto de gente haciendo las compras de última hora… podía ser un completo desastre.

Castillo no tenía tiempo ni ganas de coger la rotonda por el carril oportuno, girando a la derecha casi 270 grados para poder seguir por la izquierda. Las ruedas chirriaron mientras forzaba el giro hacia la izquierda. De reojo vio cómo los zombis comenzaban a atacar a los coches que trataban de entrar en la ciudad. Castillo se repetía una y otra vez que no podía hacer nada por esos pobres desgraciados, que debía avisar a los militares. Ellos lo solucionarían todo.

-El centro de salud dijo el novato señalando al primer edificio que había a la derecha nada más salir de la rotonda.

-No podemos hacer nada por ellos –dijo con tono enfadado Castillo , con suerte alguien se asomará a la puerta, verá lo que se les viene encima y tomarán las medidas oportunas.

El novato pareció que iba a decir algo pero no tuvo tiempo. Castillo había pisado el freno de repente.

-¡Joder, joder, joder, maldita sea! –exclamó Castillo mientras abría el seguro que tenía a su lado y sacaba la escopeta de sus seguros . Voy a avisarles. Cúbreme desde el coche y no dejes que se acerquen.

El novato asintió mientras comprobaba nervioso su pistola. Castillo abrió la puerta del vehículo y mientras corría hacia el centro de salud ponía la munición en la escopeta. Los zombis parecían indecisos en la dirección a seguir en la rotonda. Por ahora no habían avanzado. Mejor, así tendría tiempo… esperaba.

Subió los cuatro escalones que separaban la entrada física de la calle y comprobó con cierta resignación que el edificio cumplía con las normas para minusválidos y a su derecha tenía una larga rampa que parecía invitar a los no-muertos a subir por ella y no tomarse la molestia de hacerlo por las escaleras.

Las puertas corredizas se abrieron al detectarlo. Otra gracia de la comodidad humana que podía ser mortal en una situación como aquella. Había varias personas haciendo cola y al verlo entrar lo primero que vieron fue la escopeta y todos se alarmaron.

Desde el otro lado un empleado miró también con cierta sorpresa al recién llegado.

-Deben activar el protocolo contra zombis –dijo Castillo sin perder tiempo . Hay un grupo numeroso de zombis ellos en la rotonda y posiblemente se dirigirán hacia aquí. Deben tomar medidas.

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