Jornada 04. Cabalgata de muertos (05)


Había visto zombis romper cristales, incluso puertas de madera o paredes de yeso… pero eso que estaban agrietando era un cristal que detenía balas. ¡Balas! Se necesitaba una gran fuerza para que el cristal se viera afectado y por lo que estaba viendo esos ¿nuevos? zombis tenían la suficiente fuerza como para atravesarlos si se les daba tiempo. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Toda la población carcelaria había sido convertida? ¿Cómo demonios había pasado eso? ¿Y cómo era posible que desde la central aseguraran que no había pasado nada? Una fuga zombi masiva de la cárcel… un desastre para la ciudad, y más en esas fechas festivas con prácticamente todo el mundo en las calles; además las comunicaciones habían fallado de repente; los zombis habían comenzado a correr y mostrar más fuerza de la que se conocía… ¿Qué sería lo siguiente? ¿Vampiros? ¿Hombres lobo?

Castillo volvió a mirar el cristal, los no-muertos seguían golpeándolo pacientes y violentamente, si esperaba mucho les daría el tiempo necesario para acceder al interior del vehículo y lanzarse a sus cuellos, pero no estaba dispuesto a darles ese tiempo.

-Novato, agárrate –dijo a modo de advertencia mientras encendía el motor y daba marcha atrás de repente. El movimiento del vehículo tomó ‘desprevenidos’ a los zombis que se cayeron al suelo delante del coche patrulla, movimiento que aprovechó Castillo para poner primera y pasarles por encima con la esperanza de aplastarles las cabezas con las ruedas y el peso del coche. O dejarles el cuerpo destrozado para que no representaran más problemas a corto plazo.

No se detuvo a ver el resultado de su maniobra. Giró por la primera calle que encontró que parecía estar libre de zombis. No era cosa de lanzarse contra esos bichos cuando estaban agrupados. Lo primero era lo primero. Debían salir de esa zona infestada, sobrevivir y dar el aviso. Y si los civiles eran lo suficientemente inteligentes se quedarían en sus casas y esperarían la ayuda de los militares.

-Novato, sigue probando la radio –dijo Castillo mientras trataba de orientarse en aquella zona. El problema era que todas esas malditas calles parecían iguales. Afortunadamente parecía que podía tomárselo con cierta calma dado que el grupo de zombis se había quedado atrás y no parecían haber más grupos vagando por esas calles.

Unos minutos después el coche patrulla salía a la carretera de Sóller. Ahora tenía que tomar una decisión. A la izquierda y volver a la ciudad, o a la derecha y comprobar qué estaba pasando en la cárcel.

Miró al novato que seguía tratando de hacer funcionar la radio sin mucho éxito. El novato se sintió observado y miró alarmado a los lados del vehículo. Cuando pareció entender qué estaba pasando por la cabeza de su superior su mirada casi era clara. Implorando irse por el camino de la izquierda. Dejar atrás todos los problemas y ponerse a salvo. Que se encargaran otros de esos problemas.

Activó el intermitente y mientras pisaba el acelerador comenzó a girar el coche.