Jornada 04. Cabalgata de muertos (04)


Había algo en esa escena que no acababa de ser correcta. Mientras veía adelantarse a esos zombis su cerebro trataba de explicarle qué era lo que estaba mal.

Había un par de ellos que… ¡¡ESTABAN CORRIENDO!!

Pero eso no era posible. Todo el mundo sabía que los zombis sólo podían andar casi arrastrando los pies debido a que los músculos de sus cuerpos estaban bastante atrofiados. Eran torpes. Pero esos zombis que se estaban lanzando contra ellos… esos zombis parecían ágiles, rápidos… vivos…

Unos segundo más fue lo que tardó en darse cuenta de que se había quedado paralizado mirando hacia adelante y que estaba fuera del coche. Castillo movió la cabeza tratando de despertarse de esa pesadilla, pero sin éxito. Fue entonces cuando se dio cuenta que su vida corría peligro y se metió en el coche en un movimiento cerrando la puerta de un golpazo. De repente se notó respirando rápidamente. ¿Había mantenido la respiración todo ese tiempo?

Un fuerte golpe le sacó de su letargo. Los zombis habían llegado a la altura del coche patrulla y se habían subido al capó para, a continuación, comenzar a golpear con fuerza el parabrisas.

Castillo respiró hondo. Debía recuperar la compostura. El cristal, blindado, parecía resistir sin problemas los golpes de estos nuevos zombis, pero no era cuestión de quedarse sentado viendo cómo se rompían las manos tratando de entrar. Activó la radio que tenía encima de su hombro.

-Central, tenemos una plaga. Repito, tenemos una plaga. –Trató de calmarse Parecen ser funcionarios de prisiones y presos, convertidos todos en zombis, salidos de la nueva prisión. Avisen al ejército y a los cuerpos especiales.

La radio sólo devolvió estática.

-Central, aquí coche 17, responda –insistió Castillo sin éxito.

Encendió la radio del coche patrulla.

-Central, hay una plaga originada en la nueva cárcel. Respondan.

La radio parecía seguir muerta y no se escuchaba nada a través de la misma. Se giró hacia el novato que parecía estar temblando y acurrucado en su asiento tratando de mantenerse lo más alejado posible del parabrisas.

-Novato, prueba tu radio –le ordenó Castillo mientras cambiaba la frecuencia de la radio del coche tratando de encontrar alguna señal.

El novato no reaccionó al principio. Castillo tuvo que darle un golpe en la cabeza para que éste reaccionara y probara su radio.
-Central… responda… p-por favor… dijo casi en modo de súplica.

Pero la radio permanecía muerta. Y por más que tratara distintas frecuencias Castillo no conseguía obtener ninguna respuesta. Sacó su móvil y miró la pantalla. Sin señal. ¿Cómo podía ser que no hubiera cobertura? Era imposible. Trató de marcar igualmente el número de emergencias. No entendía cómo, pero al parecer las empresas aseguraban que aunque no se tuviera cobertura las llamadas a emergencias seguían funcionando… lo cual no tenía sentido, pero bueno…

No hubo suerte. El móvil estaba tan muerto como el resto de aparatos de comunicación. Y precisamente en ese momento.

Debían salir de ahí y dar el aviso. Volvió su atención de nuevo a los zombis que seguían golpeando el parabrisas. Y para su sorpresa habían aparecido un par de diminutas grietas en la zona golpeada. Algo iba mal, pero que muy mal.

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