Jornada 04. Cabalgata de muertos (03)


Castillo indicó al novato que se quedara dentro del coche mientras él abría lentamente la puerta y salía del vehículo sin apartarse del mismo. Se quedó mirando durante unos instantes al zombi y activó su radio.

-Central, aquí coche 17, tenemos un zombi rondando una zona habitada.

-Coche 17, ¿es un peligro inminente? –Preguntó alguien al otro lado de la radio . ¿Y está seguro que es una no-persona?

-Central, está claramente muerto y trata de acceder a una vivienda, por ahora sin éxito –respondió Castillo mientras estudiaba mejor al zombi.

Fue entonces cuando se fijó en que iba vestido como un presidiario.

-Central, creía que teníamos a todos los convictos de la cárcel contados de cuando la plaga –preguntó desconcertado mientras trataba de encontrar un significado a esa extraña sensación que tenía que le decía que algo se le escapaba.

-Todos contados y quemados, coche 17. ¿Cuál es el problema?

Fue entonces cuando le golpeó la realidad. Llevaba tanto tiempo viendo ese uniforme que no se le había ocurrido que era el nuevo. Con el cambio de prisión se renovó el vestuario carcelario. Y el no-muerto que tenía delante de él vestía ese traje.

-Central, ¿qué hay sobre esas llamadas diciendo que había zombis por la zona de la cárcel?

-Las cámaras de circulación de la zona no muestran nada extraño. Todo está en calma. Y desde la cárcel dicen que no han tenido problemas de zombis.

-¿Señor? –Dijo el novato con miedo en su voz.

-Ahora no, novato –dijo Castillo mientras trataba de poner en orden sus ideas.

Claramente el cadáver andante estaba vestido con un traje de presidiario. De la nueva cárcel. ¿Cómo podía ser? No se sabía de ningún fugado de la prisión que siguiera libre.

-¿Señor? –Volvió a insistir el novato.

-¿Qué pasa novato? ¿Tienes ganas de ir al baño? –Preguntó molesto Castillo mientras introducía su cabeza en el coche patrulla para gritarle algún improperio más a su compañero.

El novato no respondió. Únicamente levantó levemente su mano temblorosa señalando al final de la calle que estaba enfrente del vehículo.

Castillo miró en la dirección que la temblorosa mano señalaba y se quedó sin palabras mientras notaba cómo la boca se le secaba y el corazón se le aceleraba como no lo había hecho en la vida.

Enfrente, a unos centenares de metros había un grupo numeroso de zombis deambulando de un lado a otro de la calle. La mayoría vestía con el mismo traje de presidiario que había visto en el otro zombi, pero también había otros zombis que no llevaban el traje de presidiario… sino el de guardia. Y algunos civiles. Tal vez visitantes que había en la cárcel… ¿pero cómo podía ser? La central había dicho que todo iba bien. ¿Qué clase de broma macabra era aquella?

Sus ojos estaban estudiando el grupo que tenía enfrente cuando un par de zombis del grupo se adelantaron y se lanzaron corriendo hacia el coche.

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s