Jornada 04. Cabalgata de muertos (02)


-Mal, novato, muy mal –Le reprendió Castillo . Acabas de costarle a la ciudad varios millones de pesetas.

El coche patrulla entró en la zona del Amanecer, un barrio de casas con jardín que podría considerarse el final de la ciudad. Más allá sólo quedaba la cárcel y uno de los polígonos que estaban ya en las afueras de Palma. La zona parecía estar tranquila a pesar de las llamadas recibidas quejándose de actos vandálicos.

Castillo siguió instruyendo a su compañero.

-¿Es que no te has leído el manual de supervivencia zombi que te dieron con la pistola? –Preguntó Castillo mientras ralentizaba la velocidad del vehículo policial y comenzaba a mirar a su alrededor.

El novato le miró como si no subiera de qué le estaban hablando.

-La vista en la calle, novato –le indicó Castillo . Vamos a ver, cuando te dieron la placa te debieron dar una serie de libros, con los códigos de llamada, cómo acotar una zona… y un libro en el cual te explicaban cómo tratar con zombis.

Castillo suspiró.

-A ver, hace tiempo, mientras la sociedad se recuperaba del fin del mundo, la cantidad de zombis por las calles se iba ‘decrementando’ y cuando te encontrabas uno le disparabas en la cabeza, se lo llevaban al depósito, se le trataba de identificar y notificar a su familia. El caso es que algún abogado listillo, basándose en bastantes casos similares en lo que quedaba de los EE.UU., decidió que hacer que la familia del muerto no-muerto tuviera que identificar algo con la cabeza volada era cruel, por lo que demandó al ayuntamiento… y ganó.

Las calles estaban vacías y no se veía nada. Era natural, seguramente la mayoría de gente se habría ido al centro de la ciudad para hacer las últimas compras o ver la cabalgata.

-Desde entonces nuestro deber es dar parte si vemos a un zombi, y otros se encargan de controlarlo y llevárselo. La familia le identifica mientras tiene la cabeza intacta y entonces se procede a volver a matarle. Ya sea volándole los sesos o quemándole. Pero sin que la familia sufra. Por eso no puedes ir volando cabezas de buenas a primeras.

-Entonces nada de volarles la tapa de los sesos –dijo el novato con cierto tono de enfado.

-Salvo que presenten un peligro real para otras personas –respondió Castillo . En serio, ¿tu generación sabe lo que es un libro?

Castillo frenó en seco provocando la alarma del novato que puso instintivamente las dos manos hacia delante para frenarse.

-¡Joder! –dijo el policía veterano mientras miraba por su lado del coche . Maldita suerte la mía.

Tratando de entrar en los jardines de una de las casas había un zombi que no paraba de dar golpes a la verja como si quisiera derribarla.

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1 comentario

  1. me estais matando de impaciencia


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