Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (23)


Los zombis, casi todos, se lo tomaban con calma. No parecían tener prisa por salir de la prisión o del aparcamiento que había en la entrada principal. Si hubiera sido un día normal la mayoría de los zombies habrían sido destrozados por los coches que pasaban a toda velocidad por la autovía que circulaba paralela al complejo penitenciario al salir del mismo, pero siendo víspera de Reyes la circulación era prácticamente inexistente, y los zombis, a medida que iban saliendo se iban apoderando de la carretera sin problemas.

Un conductor despistado al ver la gente en medio de la carretera y pensando que era una manifestación se paró para pitar a los zombis e indicarles que se apartaran para dejarle pasar.

Eh, que tengo prisa por llegar a casa –se quejó amargamente mientras seguía apretando el pito del coche . Apartaos de una vez.

Los zombis atraídos por el ruido comenzaron a rodear el coche ante la sorpresa del conductor que no entendía qué estaba pasando. Más bien creía que lo iban a linchar o que le iban a volcar el coche, demasiado tarde se dio cuenta de que eran zombis y cuando quiso reaccionar el coche no se movió al dejarlo calado con los nervios. Los zombis rompieron los cristales de los laterales y el frontal sin problemas mientras alargaban sus brazos para sacar al conductor del interior del coche que comenzó a gritar desesperado pidiendo una ayuda que nunca llegó a tiempo.

Otros conductores más despiertos y más afortunados al ver el resto de coches y escuchar los gritos, trataban de salir corriendo descubriendo que alguno de los zombis, muy pocos por suerte, de repente eran fenómenos de los 100 metros lisos de los que no podían escapar y que acababan alcanzando a su presa para desesperación de las personas que trataban de escapar.

Alguno se defendió hasta el último momento disparando a todo lo que se le acercara al coche y pidiendo ayuda a gritos, pero las casas más cercanas estaban demasiado lejos de la zona como para que nadie se percatara de lo que sucedía. A pesar de todo a alguien se le ocurrió cumplir con su deber ciudadano y llamar a emergencias para dar parte de la fuga en masa de zombis.

Joder, que no estoy bromeando –decía desesperado rezando para que la ayuda llegara a tiempo . La entrada de la prisión está repleta de zombis, ostias. Están tratando de entrar en mi coche. Dense prisa. Hay cientos de esos cabrones y están hambrientos.

Pero por desgracia para él, antes de que llegara la ayuda acabó hecho pedazos en las distintas gargantas de los no-muertos que le habían sacado del coche.

La mayoría de los zombis siguieron su camino por la carretera en dirección al centro recreativo y al complejo residencial que había siguiendo el camino.

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