Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (12)


Al principio a Mara no le habían llamado la atención. Turistas que estaban subiendo por unas escaleras de piedra que comunicaban el nivel superior de la muralla con el inferior. Pero cuando aparecieron algo más que las cabezas y pudo observarles más detenidamente se fijó en que tenían la ropa hecha trizas y les faltaban trozos de carne, y estaban completamente mojados.

El instinto de Mara se puso en marcha y en un abrir y cerrar de ojos estaba de pie con la pistola en la mano apuntando a los zombies que todavía estaban a una distancia segura. Cuando fue a apretar el gatillo una mano le bajó el arma. Era Gerald que había tardado más en reaccionar pero ahora estaba de pie a su lado.

¿Qué estás haciendo? –preguntó Gerald alarmado con su mano en el cañón del arma . Podrían ser personas disfrazadas.

-¿Personas disfrazadas? –preguntó incrédula Mara señalando con la mano libre al grupo que se aproximaba lentamente. ¿Qué tipo de locos nativos viven en esta isla que los consideras capaces de tal majadería? Pero si están más muertos que… mi sentido del humor. Por Dios, de verdad, ni que nunca hubieras visto uno de esos.

-Hoy en día el maquillaje hace milagros –señaló Gerald, como intentando convencerse a sí mismo , y hay gente que encuentra estas cosas graciosas… creo que lo llaman el subidón zombi o algo así.

-¿Te parece bien si primero les disparo al hombro? –preguntó Mara impaciente viendo como los zombies se acercaban . ¿Cómo disparo de advertencia y para darles el subidón de su vida?

El resto de padres habían comenzado a notar a Mara de pie y armada. Seguramente lo primero que pasó por sus mentes fue que aquella tía era una psicópata que iba a ponerse a disparar contra todo el mundo indiscriminadamente… o peor, una de esas personas que pertenecía a una secta cuyo objetivo era convertir a todo el mundo en zombis. Pero cuando vieron que no disparaba se tomaron el tiempo para posar la vista sobre el espacio al que estaba apuntando y que no perdía de vista.

Alguno directamente se cayó del banco en el que estaba y dio con sus huesos en el suelo con la cara desencajada y una ligera humedad en la entrepierna ante las risas de los niños que lo señalaban y no paraban de reírse.

Otros se pusieron en pie y se quedaron paralizados mirando a su alrededor, tornando la faz de su cara en un blanco tan pálido como el de aquellas criaturas que se les acercaban y no distaban ya mucho de ellos. Muchos buscaban inútilmente con la mirada desesperada a algún policía o militar que les salvaran. Los que más reaccionaron se acercaron corriendo a sus hijos y a pesar de sus protestas los cogieron como si fueran sacos de patatas y salieron corriendo en dirección contraria a la que venían los zombis.

Al parecer ninguno iba armado.

Mara volvió a alzar el arma para disparar ahora sin la oposición de Gerald, pero antes de que pudiera apretar el gatillo escuchó un disparo procedente de uno de los miembros del equipo de seguridad que acompañaba al informático y sus sobrinos.

Al parecer había tenido las mismas dudas que Gerald y su disparo impactó en el hombro de uno de los posibles no-muertos sin que la víctima pareciera reaccionar. Mara se permitió mirar un segundo a Gerald para decirle con la mirada que ya se lo había dicho.

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