Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (9)


El padre Xavier no se podía creer las palabras que salían de la boca del obispo. La Iglesia era claramente contraria a ciertos avances científicos, pero usar el término impuro…

-¿A qué se refiere exactamente? –preguntó con cierto tacto sin querer entrar en polémicas.

-No a lo que usted piensa –dijo el obispo pareciendo leer las dudas de su colega- Al parecer están usando a los convictos como ratas de laboratorio… y a los zombis… Los sacerdotes encargados de visitar a los presos han visto y escuchado cosas alarmantes… pero nadie quiere reconocer nada, cada vez que trato de averiguar algo me encuentro con un muro… Y ya me han avisado sutilmente de que mejor que deje de hacer preguntas.

Xavier posó su mirada sobre el bello rosetón. La naturaleza humana era así de cruel, había personas que con la excusa de la ciencia cometían auténticas barbaridades, claro que ellos tampoco estaban libres de pecado en esos temas, pero aún así, no había excusa.

-Tal vez pueda averiguar algo sobre el tema –dijo Xavier finalmente-. Pero no espere que si hay algo de cierto en sus sospechas el tema salga a la luz. Los medios de comunicación están también muy vigilados.

-Si podemos parar lo que esté pasando, sea lo que sea… -respondió el obispo dejando la frase sin acabar.

El padre Xavier asintió pensativo. No esperaba que la reunión hubiera transcurrido por aquellos cauces, pero eso era parte de la maravillosa que era la vida humana, las sorpresas que siempre había detrás de cada esquina.

-Creo que será mejor que nos despidamos –dijo el padre Xavier levantando la mano para dársela al obispo-. Si consigo averiguar algo más trataré de informarle, aunque supongo que a partir de ahora comunicarme con usted no será tan sencillo.

El obispo sonrió y le tendió la mano junto a una tarjeta.

-Si necesita comunicarse conmigo puede hacerlo llamando a este número –dijo mientras le entregaba la tarjeta sutilmente-. La Iglesia no es contraria al uso de los móviles… mientras no sea en medio del oficio o mientras estemos realizando nuestras funciones.

El padre Xavier cogió rápidamente la tarjeta y la guardó en un bolsillo.

-¿Qué hubiera pasado si esto hubiera sido una trampa? –preguntó el obispo antes de dejar irse al sacerdote.

-Me temo que esta hermosa catedral hubiera tenido el plomo como nuevo componente decorativo –dijo a su vez sonriendo y dándose una palmada en la parte trasera de su espalda-. Aunque mi intención hubiera sido disparar a matar por supuesto.

El obispo asintió y se quedó pensativo mientras veía marcharse a su colega de religión. ¿Qué hubiera pasado si cómo él había propuesto se hubieran colocado arcos de metal para impedir a los fieles entrar armados? Había defendido ante sus superiores que era importante dar la sensación de seguridad dentro de esos muros, y que eso no se conseguía permitiendo que la gente entrara armada. Pero la cúpula eclesiástica le había negado la petición argumentando que no era tarea suya dar clases de civismo a los fieles.

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