Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (7)


El padre Xavier asintió. La mayoría de religiosos católicos no tenían motivos para dudar de la veracidad de las acusaciones eclesiásticas, ¿por qué iban a tenerlas? Eran los representantes de Dios.

-Bueno, como le decía –siguió el obispo-. Yo era de los creyentes hasta… hace relativamente poco. Como ya sabrá el obispo de esta diócesis murió hace relativamente poco y yo fui su sustituto. Algo raro dado que le atendí en su lecho de muerte y yo ya estaba destinado a esta diócesis también. Pero bueno… la cuestión es que el obispo en su lecho de muerte pidió el sacramento de la extremaunción y se confesó por última vez conmigo.

Xavier abrió los ojos imaginando lo que eso implicaba.

-Como puede suponer –continuó hablando el obispo-, no le revelaré lo que me contó mi antecesor en su lecho de muerte pero baste decir que mi opinión cambió mucho. Y decidí que tal vez yo también debería dar un paso al frente… de forma anónima y tratar de ser más prolífico.

El sacerdote asintió sin querer interrumpir a su compañero religioso.

-Por supuesto no puedo revelar lo que sé al público por motivos obvios –le explicó el obispo refiriéndose al secreto de confesión-, pero creo que podremos encontrar algún modo de… ayudarnos. Aunque no puedo garantizarle demasiado. Todo este asunto de los zombies nos ha afectado a todos, incluyendo a los representantes de Dios en la Tierra. Algunos piensan que todo esto es una señal del Apocalipsis y que los zombies son enviados divinos que traen el mensaje de destrucción del Señor.

Xavier torció el gesto. Había visto en acción a esos extremistas católicos que mataban en nombre de Dios y defendían la idea de que los no-muertos en realidad eran ángeles en una retorcida interpretación de que no eran humanos ni tenían un sexo… activo. Usaban a los zombies como tropas para matar a la gente para… ayudarles en estos momentos finales de la humanidad.

-Lo único que le puedo garantizar es un refugio, aunque no muy seguro la verdad –se disculpó el obispo-, e información que le puede ser de utilidad de vez en cuando. Quién sabe, a lo mejor entre usted desde fuera y yo desde dentro podemos recuperar la verdadera esencia de la Iglesia y acabar con esta locura.

-Monseñor, su apoyo es… un rayo de luz –dijo sinceramente Xavier-. La verdad es que esta… lucha está siendo muy dura; no tanto a nivel físico como el mental. Ver las injusticias que se están cometiendo en nombre de Dios… me hace hervir la sangre, la mayoría del tiempo me siento inservible.

-Podría ser peor –dijo el obispo tratando de hacer relajar al otro sacerdote–. Podría estar detrás del Telón de Acero.

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