Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (14)


Doc no podía creérselo. Ahora resultaba que al parecer SU experimento se iba a convertir en una operación secreta conjunta del estado español, la OTAN y los americanos. Y tenía que tratar con más de un militar… ¡Maldita sea! –pensó en medio de la rabia.

Además, habían decidido llamar a la operación ‘Apocalipsis Island’. ¡Pero si había sido una broma que había hecho! ¿Cómo podían ser tan inútiles? ¿A quién se le ocurriría llamar a una operación usando palabras de distintos idiomas? Imbéciles, estaba rodeado de imbéciles. Respiró hondo y trató de sopesar lo que eso implicaba. Con suerte no tendría que vérselas demasiado con el capitán del portaaviones. Sabía que el sentimiento era mutuo dado que simplemente le había indicado que si necesitaba algo se dirigiera a un tal marinero Roberts que sería su enlace con el mando central del portaaeronaves.

Tal y como había solicitado habían puesto a su disposición tres helicópteros idénticos que irían a la base y volverían siguiendo tres rutas de vuelo distintas, y siempre sin saber los pilotos de antemano qué ruta les tocaría. La base militar en el Puig Major ya estaba acabada y ahora sólo quedaba que los militares se pusieran de acuerdo en quién mandaría ahí.

Los laboratorios, para su sorpresa, cumplían con todas sus expectativas. Incluso más de lo que esperaba. Podía controlarlo todo tanto desde la base militar como desde su sala rodeado de marines. Y sin ser molestado en ningún momento. Al ir encendiendo las pantallas y los ordenadores y escuchar el familiar zumbido de inicio un escalofrío le recorrió la espalda. Volvía a estar en la cresta de la ola y sus deseos eran órdenes. Claro que, ahora, debía dar resultados. Pero eso no sería un problema, aunque en el fondo era consciente de que tenía que competir con los estudios y descubrimientos de iniciativas privadas por un lado y gubernamentales por otra, dispuestas a estudiar también aquel fenómeno ‘resurrectivo’: por desgracia para ellos, él no tenía que responder moralmente ante nadie, ni dar respuesta ante nadie si cualquier cosa se le iba de las manos. A pesar de ello conocía de los avances de científicos internacionales como Robert Adlard, Charlie Kirkman o aquel español del que le habían hablado en alguna ocasión por aquellas tierras, Marc.

Los experimentos en la cárcel seguían su marcha y habían ido dando sus frutos. Algunos incluso más sorprendentes de lo que él esperaba. Demasiado… Pero no era el momento de preocuparse de eso. Debía calibrar los instrumentos, comenzar a dar órdenes y preparar su propio calendario de actuación.

Durante los siguientes días, y mientras iban llegando más militares a la base principal él iba recorriéndola de un punto a otro, familiarizándose con ella dándose a conocer entre los soldados. Y de vez en cuando, saliendo al exterior. Pero con escolta, eso sí. No valía la pena correr peligros estando tan cerca del comienzo de la carrera.

En una de sus excursiones fuera de la base descubrió algo que le sería de gran utilidad en el futuro. Parecía que había sido el destino el que le había hecho ese regalo. No se lo podía creer, cerca de la base había dos de los depósitos principales de agua de la isla. Eran depósitos naturales, que iban recogiendo la lluvia cuando caía y la conservaban para que, posteriormente, los habitantes de la isla, pudieran disfrutar de la misma.

Poco sabían ellos que en poco tiempo esa agua sería el comienzo de una terrible pesadilla que Doc estaba impaciente por poner en marcha.

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1 comentario

  1. Os ha faltado Rathburn 😛


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